miércoles 1 de julio de 2009

Las elecciones del 5 de julio, el voto nulo y el avance de la derecha en México




“El sufragio universal es, de esta suerte, el índice de la madurez de la clase obrera. No puede llegar ni llegará a más en el Estado actual, pero esto es bastante. El día en que el termómetro del sufragio universal marque para los trabajadores el punto de ebullición, ellos sabrán, lo mismo que los capitalistas, que deben de hacer”
Federico Engels. El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado


Este próximo 5 de julio se llevará acabo el proceso electoral mediante el cual se definirán a los integrantes de la Cámara de Diputados para el periodo 2009-2011. Dicho proceso electoral se ha distinguido no sólo por la ya acostumbrada campaña mediática con la que se bombardea día a día a nuestra sociedad a favor de los distintos partidos en planilla, sino también, por la presencia de diversas campañas que invitan a la anulación del voto, lo cual ha generado confusión por un lado y simpatía por otro. Confusión, porque las mencionadas campañas han venido de distintas posiciones políticas, ya que, existen porciones de algunos sectores, que, hartos de la manipulación, corrupción e impunidad que desde hace años impera en el sistema político mexicano y que coinciden en que todos los partidos políticos son PAN con lo mismo, están optando por esta medida, pensando que así castigan a la oligarquía partidista, sin darse cuenta que dicha acción no tendrá repercusiones más que estadísticas, también, la derecha lo promueve para desmovilizar a los sectores populares y así, lograr un congreso espurio el cual respaldará al ejecutivo que, como todos sabemos, será de la misma condición (espurio). Simpatía, porque precisamente los sectores que promueven el voto de castigo, aún ven en las elecciones una forma de participación política, sin embargo, opinan que ninguna propuesta los representa.
Así, es de vital importancia identificar cómo es que desde la derecha se esta orquestando, mediante el voto nulo, la desmovilización de nuestra sociedad para apoderase de la Cámara de Diputados y darle continuidad al avance de un estado fascistizado en México para proteger los intereses de la clase capitalista. Antonio Gramsci teorizó el avance del fascismo en Italia de la siguiente manera:

En esencia, el fascismo modifica el programa conservador y reaccionario que siempre fue predomínate en la política italiana sólo por una manera distinta de concebir el proceso de unificación de las fuerzas reaccionarias. La táctica de acuerdos y compromisos es sustituida por el proyecto de realizar una unidad orgánica de todas las fuerza de la burguesía en un solo organismo político bajo el control de una central única que debería dirigir simultáneamente el partido, el gobierno y el estado. Este proyecto corresponde a la voluntad de resistir a fondo todo ataque revolucionario, lo que permite al fascismo ganar la adhesión de la parte más resueltamente reaccionaria de la burguesía industrial y de los terratenientes”[1]
El fascismo es una respuesta política irracional para poder sostener el sistema económico capitalista. El fascismo se hace necesario para garantizar a la burguesía su condición de clase explotadora y para lo cual se organiza con el objetivo de disgregar y desmovilizar a la clase obrera. Así, en el caso de México, el proceso de fascistización responde a la necesidad de los capitalistas- aglutinados en la derecha nacional: PRI, PAN, PANAL, Facción chucha del PRD…- de centralizar el poder político en los partidos que los representan ante la posibilidad de la organización social que atentaría contra sus intereses. Este proceso político, tiene a su vez su correspondiente proceso económico, donde la centralización y concentración del capital se recrudece cada vez más y no sólo los obreros, campesinos y sectores propios de nuestra formación económico-social son afectados, sino también se amplía hacia los pequeñoburgueses. Es decir, se arrojan a las filas del proletariado a las capas medias de la sociedad. Así pues, es importante señalar que la pequeña burguesía puede jugar un papel importante en términos de contribución u oposición al avance del fascismo. La oposición que podría manifestar la pequeña burguesía sería a través de la lucha conjunta con el proletariado para exigir el cumplimiento de las demandas conjuntas, por otro lado el apoyo que podría brindar a la fascistización vendría por una búsqueda de la mejora individual de sus condiciones sociales sin importar que sólo beneficie a unas cuantas personas. Así el fascismo, debido a que lleva a las relaciones capitalistas al extremo de la explota ción y de opresión de sectores que no se ubican definitivamente dentro de la burguesía o el proletariado, provoca que la pequeña burguesía radical se acerque y busque aliarse con el proletariado. En ese sentido el movimiento social que describe este proceso de alianza es el así llamado Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular y la Soberanía Nacional, dirigido por AMLO, el cual ha aglutinado a la mayor parte de la pequeña burguesía, y a una minoría de obreros, que en lo individual, se han aliado para defender intereses comunes y que han visto en el proyecto de este movimiento respuestas a sus demandas inmediatas.

POR ESO HAY QUE VOTAR

El movimiento lopezobradorista hasta ahora ha pugnado por detener el proceso de despojo del patrimonio nacional así como de los derechos de la ciudadanía, y se han reducido tanto éstos, que el movimiento hace demandas enfocadas a la recuperación y permanencia de dichos derechos y es por ésta causa que el movimiento lopezobradorista tiene demandas como la primicia del mercado interno, el aumento de empleos, la disminución de tarifas de servicios públicos como la luz; la disminución del precio de mercancías como el gas y la gasolina; topes a las tasas de interés; la disminución de salarios a funcionarios públicos, etc. Son las demandas del movimiento junto con la constante denuncia a la corrupción del gobierno y su servilismo hacia las 30 familias más poderosas del país y al gobierno de los Estados Unidos. Este movimiento es la vanguardia pacífica en términos de organización social en nuestra nación ya que aglutina a buena parte de la sociedad. Sin embargo es fundamental mencionar que paralela a esta lucha en el terreno político, también existen guerrillas en el territorio nacional como lo son el Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), y el Ejercito Popular Revolucionario (EPR), entre otros, que obligados por las condiciones de pobreza y de violencia, se han planteado la vía armada como el camino a seguir para acabar con esta relación social injusta donde sólo unos cuantos se benefician a costa de la inmensa mayoría. En ese sentido observamos que la organización social está en un proceso constante de maduración y radicalización, y con ello el surgimiento de la posibilidad de un cambio encaminado al progreso social. Lo cual obliga a la clase capitalista a luchar y aniquilar por los medios que sean a esa posibilidad de transformación del orden existente. Así, este proceso electoral donde la derecha busca monopolizar el poder político, evidencia esa necesidad de aniquilar cualquier tipo de oposición donde también la pequeña burguesía, juega un papel no solo en términos progresistas sino también en términos de retroceso al ser la base social del fascismo en tanto que al luchar por no ser parte de las filas del proletariado acepta que el poder político se concentre.
La decisión de anular el voto corresponde a un proceso donde la corrupción e impunidad han generado un rechazo total a los partidos políticos y funcionarios públicos propios del sistema político de una sociedad organizada de forma capitalista. Es la “corrupción” el discurso que la derecha utiliza farsantemente por medio de la campaña por la anulación del voto para impedir que la opción encabezada por los partidos PT y Convergencia lleguen a la Cámara de Diputados, y así, impedir que el movimiento lopezobradorista llegue a ganar curules en la Cámara, como parte de la lucha civil pacífica. El Partido del Trabajo y Convergencia son partidos que al formar parte del Frente Amplio Progresista se han visto presionados por la organización social para enarbolar la mayor parte de las demandas economicistas que el pueblo está exigiendo. La desmovilización consiste precisamente en que los posibles votos para estos partidos, mediante la manipulación del hartazgo popular, se anulen. Es decir, un voto nulo equivale a dar, de forma indirecta, un voto al PRIAN. Pareciera que estas elecciones son igual a cualquier otro proceso, pero no.
Estas elecciones permitirán evaluar si efectivamente el movimiento lopezobradorista ha alcanzado la madurez y fuerza suficiente para ganar lugares en el Congreso. Es decir, si el movimiento comienza a elegir verdaderos representantes significará un avance en el proceso de crecimiento y evolución del mismo, debido a que habrá en la cámara, diputados que se opongan a las medidas que favorecen sólo a los grandes empresarios a través de la continuación de la implementación de la política económica neoliberal y por que los diputados al haber sido electos por ciudadanos que integran el movimiento social estarán en la condición de subordinarse a los mandatos de éste, por ser éste el que le ha exigido congruencia y consecuencia a López Obrador, los diputados, por medio de la movilización popular estarán obligados a cumplir, proponer y promover la aprobación de las demandas del Movimiento en Defensa de la Economía Popular, la Soberanía y el Patrimonio Nacional.

De surtir efecto la anulación del voto no sólo se aceptaría un Congreso de derecha sino también se avalaría la forma en que se ha manejado al país, es decir, es aceptar y darle continuidad a que en las calles el ejército respalde al crimen organizado y le cuide su “mercado”, es avalar que el ejército sofoque y aniquile cualquier tipo de organización social. Es acreditar una endeble estructura económica en nuestro país fincada en la apertura comercial indiscriminada, en la privatización, en los fluctuantes ingresos por venta de petróleo y en las remesas de los inmigrantes. Es respaldar que los funcionarios sigan utilizando al erario público y el fuero para hacerse ricos a costa del pueblo y vivir en la impunidad. Y además es aceptar a un gobierno espurio que como buen ejecutor de las prácticas fascistas ha desparecido y asesinado a guerrilleros, campesinos, maestros, mineros, luchadores sociales, etcétera y que además se ha encargado de violar y anular las garantías individuales desenmascarando así el verdadero papel del Estado Capitalista, que es el de proteger los intereses de la burguesía. Entonces de verdad ¿todavía quedan ganas de anular el voto? Por lo tanto dadas las condiciones de la agudización de las contradicciones de clase a favor de las 30 familias más ricas del país, es por lo que López Obrador está llamando a votar por los partidos Convergencia y PT, nosotros compartimos el llamado del legítimo presidente de México y en estas elecciones a diputados federales llamamos a votar por cada uno de los candidatos pertenecientes a la Coalición y en concreto a marcar en la papeleta de votación al PT como el partido bajo el cual nos representan los diputados que comparten el Proyecto Alternativo de Nación.
Llamamos a los estudiantes al voto por el PT porque a nivel nacional es el partido que más consecuencia política ha tenido en cuanto al apoyo incondicional al movimiento obradorista, tal que en la lista a diputados plurinominales, los nombres que aparecen en ella son de la gente que se ha subsumido a las demandas del movimiento y que ha sido consecuente al lado de AMLO en la lucha por el petróleo, la crítica y denuncia del gobierno espurio al servicio de quienes lo impusieron. Por tanto el votar por el PT asegura que entre mayor número de votos obtenga este partido, mayor será el número de diputados plurinominales del mismo que puedan estar defendiendo las propuestas desde el Congreso de la Unión. Mientras el grueso del movimiento presiona con lucha en las calles, estos diputados se verán obligados a llevar a cabo la lucha legislativa, siendo que ambas partes contribuyan a la denuncia, desenmascaramiento del gobierno de Calderón y en la exigencia pacífica de un cambio democrático y de política económica para los mexicanos. Por lo tanto la participación política del pueblo organizado en el Obradorismo no debe quedarse en la votación por la Coalición Salvemos a México, debe fincarse en la continuidad en la lucha por la exigencia del cumplimiento de las demandas inmediatas que en este momento la mayor parte del pueblo de México ve como prioritarias y necesarias, desde las calles, desde el recorrido de casa por casa, los integrantes del movimiento deben continuar haciendo política organizadamente para la transformación pacífica del país y exigiendo a los representantes del PT Y Convergencia que sean consecuentes con la promoción y aprobación de las propuestas del Proyecto Alternativo de Nación y por supuesto que sean realmente una verdadera oposición al avance de la derecha y como consecuencia se ponga un tope al avance de la fascistización del país, es decir, que no aprueben ni legitimen las reformas estructurales que el PRIAN impulsa e impulsará una vez pasadas estas elecciones, en detrimento de las condiciones de vida del proletariado y la pequeño burguesía en México.
La participación de los estudiantes es fundamental en este proceso electoral, pues recalcamos el entrar a la campaña del voto nulo, es hacerle el juego a la derecha, la cual durante 27 años es responsable de la silenciosa y ahora abierta privatización de la educación pública de los mexicanos, nosotros como estudiantes de una institución pública, por ser sustentada con la plusvalía de la clase obrera tenemos la responsabilidad social con ella no sólo de exigir una educación de calidad, sino de mantenerla pública, accesible a toda la sociedad por lo que es necesario que participemos en las elecciones para frenar al proyecto entreguista y privatizador de la economía que encabeza el gobierno pelele de Felipe Calderón, y en concreto que impulsa y promueve constantemente la privatización vía el recorte del presupuesto público a las universidades públicas, votemos compañeros por el PT partido de la Coalición Salvemos a México y contribuyamos así a poner un alto a la fascistización del país y el despojo del capital transnacional a la riqueza del pueblo de México, solo la organización consciente de nuestro pueblo permitirá hacer oposición a las acciones del gobierno espurio y el avance de la derecha.

¿VOTO NULO?





¡¡¡POR EL CARÁCTER REVOLUCIONARIO DEL MARXISMO-LENINISMO PARA LA TRANSFORMACION SOCIAL!!!




¡¡¡HACIA LA LIBERTAD POR EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO !!!




MOVIMIENTO ESTUDIANTIL ESPARTACO






[1] Gramsci Antonio. Escritos Políticos (1917-1993). 2da Edición. México: Editorial: Pasado y Presente, 1981. Pág. 235


jueves 9 de abril de 2009

Discusión sobre nuestros orígenes (cuarta parte)

No dudo de la generosidad de los sentimientos de Coyote. El asunto más bien es otro.
De la serie de citas de palabras de Fidel Castro que me dedica, así como el rosario de definiciones entre las cuales busca una adecuada a mi persona, contenidas en su Primer acto: el factor económico y la estructura económica, le digo: con toda la humildad y agradecimiento de que soy capaz, que estoy seguro de tomarlas como vienen de quien vienen.
No sé por qué le causa tanta dificultad definirme, si es muy sencillo hacerlo: chaparro, medio bien hecho, cegatón, huraño (dicen) y amargado (dicen). Podría citar más auto elogios, pero con esos basta. Tampoco voy hacer más escarnio de mi persona del que los defectos de fábrica ya hicieron, todo para que Coyote se quede con la conciencia tranquila.
Pregunto: ¿Por qué tanta dificultad para definirme? Lo ignoro.
En cambio yo no tengo empacho en definirlo: feo, taimado, con espíritu gazmoño, santiguado todavía ante la cruz de su parroquia chipiletera (la familia de la que venimos por ser mi primo hermano), y con cierta humanidad que uno quisiera que no le estorbara para que saliera de la cueva oscura de sus sentimientos y entregara un poco de sus incansables lecturas que hace sólo para él mismo. Pero no hay milagros.
Cualquiera que lea lo que escribí acerca de la autosuficiencia de discutir “aunque sea con uno mismo” constatará que he dicho lo siguiente: hay que ser capaces de tener una actitud para aspirar a conocer y transformar el mundo, si con este espíritu, con este ánimo llegamos a tales o cuales conclusiones “aunque sea discutiendo con unos mismo”, hay que exponerlas a los demás y discutirlas. Si estamos bien, seguimos. Si no, hay que tener la suficiente humildad de espíritu (no la de origen, “por venir de una familia humilde”) para reconocer lo que somos y no somos (las limitaciones y debilidades, dice la definición del DRAE) y actuar en consecuencia, para continuar. Si esta no es la razón de autosuficiencia que ha animado a espartaco como colectivo y a los espartacos en lo individual, entonces supuse mal y nunca he integrado una organización que piensa y decide en cabeza propia su rumbo, ya desde el hecho mismo de concebir que se puede conocer y transformación al mundo. Porque tal organización no existe y sólo ha sido un invento mío (un mecate, me diría quién así los bautizó).
La serie de citas de Fidel Castro que emplea Coyote se refieren a la vulgar pedantería, la presunción y el engreimiento, de los cuales varios de nosotros hemos comido y algunos seguimos comiendo. El ejemplo más inmediato, que no el único, es el que se ha ventilado por los últimos correos de las listas de espartaco, referido a la moral demostrada por el Mambrullo. Del cual sobra abordarlo, pues no ha lugar (como diría la jerga común de alguna reunión o asamblea). Es contra estas manifestaciones despectivas y vulgares de la autosuficiencia (soberbia, egolatría, las nombramos los espartacos) que se han opuesto los espartacos “desde que crearon espartaco”, por la sencilla razón que representan partes de la esencia de la ideología del sistema capitalista: el individualismo. Y, partiendo de una formación política e ideológica que busca humanizar al ser humano, por estar deshumanizado a consecuencia de la ideología del capitalismo, tales manifestaciones de autosuficiencia son consideradas como desviaciones de ese camino de humanización.
No carecemos de experiencia al respecto como para no reconocer esta diferencia, incluyendo, por supuesto, cuando hemos fallado al confiar en nuestras propias decisiones producto de aquélla autosuficiencia de la que hablo, por creernos poseedores de toda la verdad (tal y como lo dice la primera cita de Coyote): por ejemplo, cuando hace años postulamos a Sara Bulnes (rip) para contender a la dirección de la entonces escuela de economía (que aún se elegía mediante contienda electoral de planillas, por el voto universal, directo y secreto de los miembros de la escuela: estudiantes, profesores y trabajadores manuales y administrativos), sabiendo de antemano los “brincos” (inconsecuencias) que tenía, y, producto de esos, nos dejó con la brocha colgada en el camino, con lo cual quedamos políticamente inmovilizados en la coyuntura y tuvimos que apechugar las consecuencias de esa circunstancia.
Como he afirmado, las palabras citadas en su dedicatoria por Coyote se refieren a los errores que pueden implicar la autosuficiencia y a su sentido despectivo como partes de esas desviaciones (individualismo) de que habla Fidel Castro. Pero no es a ese sentido despectivo y vulgar de la autosuficiencia al que me he referido, así que no ha lugar las dedicatorias de Coyote. Ni modo.
Decir que debemos tener un espíritu como para atrevernos a afirmar que podemos conocer y transformar el mundo, y llevando este espíritu a los hechos, le parece a Coyote cualquiera de las dos siguientes cosas: a) pedantería; b) la posibilidad de un error por sentirnos con la verdad absoluta.
Él me enmienda la plana, entre otros elementos, argumentando tres cosas: a) el factor económico no es la estructura económica de la sociedad, lo cual es cierto; b) el factor económico no lo es todo, por lo cual deben considerarse otros elementos como, por ejemplo, la lucha de clases y la supraestructura política, ideológica y jurídica de la sociedad, a fin de hacer una análisis lo más completo posible de la realidad concreta, lo cual es cierto; y c) querer sacar conclusiones sólo a partir de analizar el factor económico como determinante de última instancia de la historia de la sociedad, conlleva la falla de hipertrofiar y empobrecer todo análisis de la totalidad social que se encuentra históricamente determinada (él pone el ejemplo de la discusión desarrollada por el Ché acerca de cómo construir el socialismo y cuál debe ser el motor que impulse a la economía socialista), lo cual también es cierto.
No veo, en todo caso, contraposición con lo único que he afirmado en esa llamada teoría de los factores: sólo he dicho lo que he dicho, que el factor económico (entiéndase la economía) es el determinante de última instancia en la historia de la sociedad. Nada más. Y eso, a partir de la discusión iniciada por El Coquis acerca del manido determinismo, reduccionismo y fatalismo con el que se pretende descalificar al marxismo. Porque según lo que he expresado, el marxismo es determinista si por ello entendemos que es el factor económico (la economía) el determinante de última instancia en la historia de la sociedad. Abundando, en un sentido general y abstracto, con el ejemplo de la ciencia que es determinada por ser el reflejo de la realidad en la consciencia del ser humano y es determinante desde el momento en nos proponemos conocer algún fenómeno de esa realidad, para que quedara claro que no hay por qué quererse curar en salud espantándonos con el petate del muerto de la descalificación de determinismo, reduccionismo y fatalismo. Sólo eso. Que Coyote nos previene de posibles errores en el análisis si queremos extrapolar esta determinación de última instancia como única y exclusiva, está bien en su previsión. Aunque, hasta el momento, nadie ha querido sacar más conclusiones que aquélla que hemos expuesto.
Coyote nos ilustra con su cultura libresca, entendida como la inspiración que se puede tener mediante la lectura de libros. Eso es loable. Porque si de lo que se trata a partir de tener un espíritu por conocer y transformar el mundo es llevarlo a la práctica, necesariamente debemos aspirar a tener una cultura libresca.
Para algunos de los espartacos, que quizá no sean muchos, esta clase de inspiración por la lectura en general, y en particular de libros (por eso lo de cultura libresca), es fuente para pensar e idear modos distintos por llevar a los hechos ese espíritu de autosuficiencia que he descrito: aspirar a conocer y transformar el mundo. Aunque hay quien dijo en alguna ocasión que no todos los espartacos pueden (o quieren) ser teóricos, y otro más respondió que tampoco todos los espartacos pueden (o quieren) ser sólo mandaderos. Así que de lo que se trata es de que cada uno decida lo que en su juicio le parezca que debe ser su definición en los hechos. Lo ideal sería que todos los espartacos tuviéramos ese espíritu de leer algo más que sólo los letreros del transporte cotidiano que utilizamos. En fin.
Que Coyote nos ilustre de ese modo está bien en al menos dos sentidos: a) porque demuestra que ha leído no sólo el decálogo del marxismo-leninismo; y b) porque entonces no se puede decir que fue engañado con eso de que el saber compromete.
Por lo anterior no se entiende por qué hace alusiones a afirmaciones que no hemos hecho. Por ejemplo, esa donde dice:

“Harto importante al parecer tiene detenerse en esto que el Lobo no “cacta”, pues al identificar el factor económico con la estructura económica, el dueño de la revolución se pone muy atrás del padre del marxismo ruso” (Plejanov) (Coyote, Primer acto: el factor económico y la estructura económica)

Pero esto es una afirmación que dice Coyote que hice, pero que no demuestra que hice. Sólo dice que identifique algo (el factor económico) con una cosa que es distinta (la estructura económica), pero no demuestra que yo haya hecho tal cosa. Por lo mismo, poner palabras y afirmaciones no dichas en bocas del que suscribe para de ahí demostrar, en este caso, que Coyote sí sabe, tiene claros los conceptos y el que suscribe no, es fácil hacerlo para presumir que se sabe mucho. En fin.
Aceptando sin conceder que hice lo que dice Coyote que hice, al menos esto debió implicarle, por un mínimo de no pedantería, por un poco de honestidad, poner algún ejemplo que sustentara lo que afirma. No lo hace por ningún lado.
Coyote tiene claros los conceptos y el que suscribe no. Bueno, ¿y ahora qué?
En el recorrido que hace para demostrar su claridad conceptual se aviene a lo que la marxología cataloga como el desarrollo del pensamiento marxista. Y lo hace asistiéndose de lo que, en su momento, argumentaron, yendo de atrás para adelante en sus citas, desde alguien como Federico Engels hasta alguien como Fidel Castro. Pero como lo hace al estilo de lo que es el Coyote por eso él mismo llega a la conclusión con que cierra su escrito:

“Dejando en claro estos aspectos fundamentales pasaremos a un análisis concreto, para no terminar toreando a toro parado o cansarnos de fornicar como el gatito.” (Ibídem)

En palabras llanas, ya demostró que él sí sabe y ahora, a los que no saben, nos pasará a ilustrar con un análisis concreto.
Al igual que El Coquis, Coyote escupió para arriba al dedicarme unas cuantas citas de Fidel Castro. Sin demostrar lo que dice que hice ya hasta mordió sus propias citas. Por eso no puede sino empezar su texto más que con estas palabras, tratando de curarse en salud:

“A manera de introducción: El interés fundamental de este artículo es para motivar en los neófitos y no viejos de la revolución a que se integren de alguna manera a la discusión, pues si Sandino, un neonato lo hace, es como para avergonzarse cualquiera por tanto valemadrismo. Y a lo que te truje chencha” (Ibid)
Porque la sinceridad de su “interés fundamental” es clara: que un neonato (Sandino) se haya integrado “de alguna manera a la discusión” “es como para avergonzarse cualquiera por tanto valemadrismo”. A confesión de parte, relevo de pruebas, dice el dicho popular.
Espartaco y los espartacos ganaríamos mucho si en lugar de querer demostrar la pedantería de un conocimiento adquirido se entrega con un poco de sincera honestidad, sin necesidad de que otra vez venga el neonato (Sandino) a poner en evidencia que nomás nos la pasamos rascándonos el fundillo de nuestras ideas desde la oscura cueva de nuestros sentimientos. Y eso no implica que Coyote deje de ser Coyote (o cualquier otro espartaco deje ser lo que es, si no quiere más que eso), sino de que haga a un lado, por un momento, su cierta humanidad que le hace saltar su ego para desmerecer su
“interés fundamental”.
Discutir sobre nuestro orígenes guarda una estrecha relación con lo que somos y lo que queremos ser, porque una las paradojas de esto es que, en ese tránsito de ser autosuficientes por aspirar a conocer y transformar el mundo, podemos perder el piso y terminar mordiéndonos las entrañas de la lengua de las palabras como le acaba de ocurrir a Coyote. Y si no aprehendemos de estos ejemplos podemos terminar por mordernos a nosotros mismos y hacernos viejos a lo pendejo, como le ha ocurrido a otro personaje ya aludido en líneas anteriores.
Con el cariño de siempre,
El declarado y denostado autosuficiente

09 de abril de 2009
Israel Caballero (Lobo)

lunes 30 de marzo de 2009

Movimiento Estudiantil Espartaco: Discusión sobre nuestros orígenes (tercera parte):

“Yo no diría que fueron grandes errores.

Los nuestros no fueron errores estratégicos,

Sino tácticos”, aseguró el líder cubano en su

imprevista autocrítica. Y agregó: “Nacieron

del sentido de autosuficiencia, cuando nos

creemos poseedores de toda la verdad.

Y agregó: Los errores nacieron también de la

falta de experiencia”

(De una entrevista a Fidel Castro en radio Vaticano).

"Con su altiva y digna respuesta, Cuba ha puesto el énfasis en lo fundamental. Aunque toda buena estrategia incluye una buena táctica, ni una ni la otra son correctas si se tolera la altanería y la autosuficiencia", dijo el líder cubano, de casi 81 años.

(Respuesta de Fidel al Unión Europea)

Quieren hacer de él una vaca sagrada.

Las convicciones más profundas,

a prueba del tiempo y los vaivenes

de la vida, no se alcanzan en un día.

Hay que vencer antes muchas tendencias

que llevamos dentro. No odio a otros seres

humanos pero odio la vanidad, la egolatría,

el egoísmo, la pedantería, la autosuficiencia,

la ausencia de ética y otras inclinaciones

con las que los seres humanos venimos

al mundo, y sólo la educación y el ejemplo

de los más sobresalientes en su batalla por

ser mejores, triunfa e influye sobre nosotros.

Hace falta un mínimo de filosofía

sobre la necesidad de la modestia.

(Reflexión de Fidel sobre el huracán que desvastó a Cuba

y el chaquetazo de un actor que fue lo que llamó la

atención de los medios en el mundo)

Estas palabras bellas en la que resalto la autosuficiencia se las dedico al Lobo para el que todavía no encuentro la definición adecuada, (Mamífero carnicero de un metro aproximadamente desde el hocico hasta el nacimiento de la cola, y de seis a siete decímetros de altura hasta la cruz, pelaje de color gris oscuro, cabeza aguzada, orejas tiesas y cola larga con mucho pelo. Es animal salvaje, frecuente en Espartaco y dañino para el ganado. 2. m. Locha de unos doce centímetros de largo, color verdoso en el lomo, amarillento en los costados y blanquecino en el vientre, con manchas y listas parduscas por todo el cuerpo, y seis barbillas en el labio superior. 3. m. Escualo de la familia del cazón, sin espiráculos, de hocico más romo y que alcanza un par de metros de longitud. 4. m. Máquina usada en hilandería para limpiar y desenlazar el algodón, consistente en un tambor cónico erizado, que gira dentro de una caja de la misma forma, llena de púas en su interior . 6. m. coloq. Ur. Hombre sensualmente atractivo.7. m. desus. Embriaguez, borrachera.8. adj. Perú. astuto ( agudo).~ cebado.1. m. Heráld. El que lleva cordero u otra presa en la boca.~ cerval, o ~ cervario.1. m. lince ( mamífero carnicero).2. m. gato cerval.~ de mar.1. m. coloq. Marino viejo y experimentado en su profesión.~ escorchado.1. m. Heráld. El de color de gules, que es el que se da a este animal cuando se representa como si estuviera desollado~ marino.1. m. foca.~s de una camada.1. m. pl. coloq. Personas que por tener unos mismos intereses o inclinaciones no se hacen daño unas a otras. U. m. en sent. peyor.coger un ~.1. loc. verb. coloq. embriagarse.desollar, o dormir, alguien el ~.1. locs. verbs. coloqs. Dormir mientras dura la borrachera.esperar del ~ carne.1. loc. verb. coloq. Esperar algo de quien lo quiere todo para sí. menos ~s.1. loc. interj. U. para tachar de exagerado lo que alguien dice.pillar un ~.1. loc. verb. coloq. embriagarse. tener el ~ por las orejas.1. loc. verb. Hallarse excesivamente perplejo.□ V. 5. m. Garfio fuerte de hierro que usaban los sitiados desde lo alto de la muralla para defenderse de los sitiadores.)

Pero con el cariño de siempre.

A manera de introducción: El interés fundamental de este artículo es para motivar en los neófitos y no viejos de la revolución a que se integren de alguna manera a la discusión, pues si Sandino, un neonato lo hace, es como para avergonzarse cualquiera por tanto valemadrismo. Y a lo que te truje chencha:

PRIMER ACTO: EL FACTOR ECONÓMICO Y LA ESTRUCTURA ECONÓMICA.

La sustancia única de la sociedad es la producción indiferente que la ciencia conceptualiza como trabajo abstracto, en el que las funciones del organismo humano se cualifican y cuantifican, al cuantificarse el valor adquiere una magnitud de valor que el proceso de producción de principio a fin denotará como cantidades de lo producido, algo que la vista, el tacto, etc; perciben; allá, en el otro polo, la calidad de las funciones del organismo humano adquiere una forma de trabajo social, es decir, el hombre produce de un modo históricamente determinado. Y esta determinación que rige para el trabajo vivo está presente en el trabajo objetivado, es decir, en la propia mercancía: tómese dos mercancías distintas, y la distinción entre ambas es cualitativa y su medición también es distinta; lo conmensurable en el trabajo vivo, aquí se trastoca inconmensurable. Los productos del trabajo bajo la forma de mercancía no obedecen a un mecanismo consciente que le regule, sino que se objetivan, es decir, opera con leyes propias ajenas a su poseedor. De manera que la objetivación de las relaciones sociales de producción, genera seres sociales ligados a cosas y las relaciones recíprocas entre los individuos aparecen como cosas.

En rigor, a la hora del análisis un fenómeno histórico es inseparable de lo que constituye su consecuencia inevitable y la llamada teoría del “factor económico” no tiene nada que ver con el concepto de “estructura económica”, por ende, el “factor histórico social” tampoco tiene nada que ver con la “estructura histórica de la sociedad”. Es bien sabido, que Plejanov desentrañó la arbitrariedad a la hora de destacar los diferentes aspectos de la vida social como “factores”, éstos tenían el atributo del ser o de sustancia de la cual los fenómenos son una manifestación, así la economía, en la cabeza de estos teóricos, es una fuerza independiente que determina la actividad humana. Además, y esto es importante, Plejánov no divorcia el desarrollo de la teoría de los factores del curso general del conocimiento de la sociedad en su etapa de análisis y sínteis, ésta etapa surge sólo cuando el objeto de estudio se ha sometido a la desmembración, y en el estudio de la sociedad, la “teoría de los factores” era un postulado del examen sintético de la sociedad. Y Plejanov siempre distinguió entre “factor económico” y “estructura económica, entre esencia y apariencia.

No obstante, Karel Kosik, aporta un elemento crítico a la posición del ‘marxismo ortodoxo’ de Plejanov y Labriola:

“ Según ambos pensadores, ’el factor económico’ y la fe en el factor social son fruto de la opinión, y es una característica que acompaña al desarrollo, todavía poco avanzado, del pensamiento científico. Tales conclusiones afectan sólo al reflejo, o a las consecuencias, pero no a la propia problemática del origen de los factores. El hecho originario y decisivo no consiste en la insuficiencia de pensamiento científico o en su aspecto limitado y unilateralmente analítico, sino en la decadencia de la existencia social, en la atomización de la sociedad capitalista. Los factores no son originariamente un producto del pensamiento o de la actividad científica, sino que son determinadas formas históricas de desarrollo, en las que las creaciones de la actividad social del hombre adquieren una autonomía, y bajo este aspecto se convierten en factores y se transfieren a la conciencia acrítica como fuerzas autónomas respecto del hombre y su actividad.” (Karel Kosik. Dialéctica de lo concreto. Grijalbo; p. 126).

Harto importante al parecer tiene detenerse en esto que el Lobo no “cacta”, pues al identificar el factor económico con la estructura económica, el dueño de la revolución se pone muy atrás del padre del marxismo ruso. Rascando un poco más, aparece un problema de la economía crítica y sus problemas más elevados que Gramsci, bajo la influencia de Rosa Luxemburgo, caracteriza en su artículo Algunos problemas sobre la filosofía de la praxis:

“…en el periodo romántico de la lucha, durante el Strung und Drang popular, todo el interés va dirigido hacia las armas más inmediatas, hacia los problemas de táctica, hacia la política y los más sencillos problemas culturales en el campo filosófico. Pero desde el momento en que un grupo subalterno se torna realmente autónomo y hegemónico, cuando crea un nuevo tipo de estado, nace concretamente la exigencia de construir un nuevo orden intelectual y moral, esto es un nuevo tipo de sociedad. De allí surge la exigencia de elaborar conceptos más universales, las armas ideológicas más refinadas y decisivas.” (Antonio Gramsci; Materialismo histórico y sociología; Roca; p. 99).

Como vemos la cosa no es tan simple, pues no se trata de contrastar un concepto ‘factor económico’ que refleja hechos concretos, con otro concepto ‘estructura económica’ copia también de otros hechos, sino desentrañar las contradicciones de clase, miremos más de cerca, Plejánov, fue refutado por la revolución de 1905 en Rusia, su concepción de delicado equilibrio entre la lucha económica y política, entre la burguesía y el proletariado, entre los obreros rusos y sus dirigentes socialdemócratas, entre el determinismo y el voluntarismo, aspectos que no encontraron una respuesta creativa, sus tesis perdieron fundamento ante el hecho revolucionario. Y las armas ideológicas más refinadas y decisivas las elaboró el bolchevismo, a partir de los Soviets, es decir, una lucha en la que el problema del desarrollo del capitalismo y de sus contradicciones de clase existentes en Rusia definió a los verdaderos marxistas.

Ahora bien, las reivindicaciones de clase no parten de una realidad estática, sino de estructuras que son al mismo tiempo procesos y en donde los sistemas de contradicciones que se entrelazan a esta realidad adquieren una jerarquía y un sentido, he ahí el fundamento para comprender a cabalidad las teorías del ‘factor económico’, “en las que las creaciones de la actividad social del hombre adquieren una autonomía, y bajo este aspecto se convierten en factores y se transfieren a la conciencia acrítica como fuerzas autónomas respecto del hombre y su actividad” (Kosik; Op.cit; p.126). De manera que la economía no trata acerca de cosas, sino de relaciones entre personas, y en última instancia entre clases, puesto que los productores no pueden comportarse frente a su trabajo como un trabajo directamente social, como trabajo trabado entre las personas mismas, sino como relaciones propias de cosas, por lo que se puede convertir cualquier factor social en mediador de los hombres:

“Este término medio se presenta siempre como la relación económica consumada, porque sintetiza la antítesis, y siempre se presenta por último como un potencia unilateralmente superior frente a los extremos; porque el movimiento o la relación que originariamente aparece como intermediario entre los dos extremos, lleva dialéctica y necesariamente a que la relación se presente como la relación consigo misma, como el sujeto cuyos factores (subrayado mío) son tan solo los extremos, cuyo supuesto autónomo es anulado por aquella relación, para ponerse a sí misma mediante esta abolición como lo único autónomo.” (Marx; El Capital, I, p. 784, citado por Roman Rosdolsky, en su obra Génesis y estructura del capital).

En un régimen social en donde el proceso de producción manda sobre el hombre y no éste sobre el proceso de producción, hace predominar métodos analíticos unilaterales, y la falta de conexión de análisis de las partes y el análisis de toda la estructura económica es propio de la apologética de derecha e izquierda.

Una recensión mas, para ubicar las aportaciones del Coquis. Desde los 80 a los 90 y aún hoy en la actualidad, Gramsci ha sido convertido en el fundador de la ‘ciencia política marxista’, por fin despojada del “dogmatismo”, el “economicismo” y la visión instrumentalista del estado, con lo que Gramsci es una especie de anti-lenin en este último aspecto, pues la cuestión de la ideología no puede plantearse en términos clasistas-instrumentalistas, sino hay que agregar elementos más complicados diferentes a los de Marx en algunos aspectos, aunque claro, y he ahí la trampa, Gramsci nunca renegó del leninismo. Entre los meses de febrero y marzo de 1921, en Turín, se da un conflicto entre obreros y patronos por cuestiones de horario que hace estallar una huelga general a principios de abril, L’ Ordine Nuovo, inspirador de la doctrina de los Consejos Obreros, doctrina que no se estrechó a la organización obrera no sindical ni de partido, hizo aparecer un fenómeno nuevo, que Gramsci como uno de sus redactores caracteriza así:

“Por primera vez en la historia se dio efectivamente el caso de un proletariado que se lanza a la lucha por el control de la producción sin ser movido a esa acción por el hambre ni por el paro. Además, no fue sólo una minoría, una vanguardia de la clase obrera, la que emprendió la lucha, sino la masa entera de los trabajadores de Turín, que entró en liza y llevó adelante la lucha, sin preocuparse por las privaciones y los sacrificios hasta el final.

…La organización de los Consejos de fábrica, se basa en los siguientes principios: en cada fábrica, en cada taller, se constituye un organismo sobre la base de la representación. El Consejo de fábrica tiene que constituirse según el principio de la organización por industria.

Cada empresa se subdivide en secciones y cada sección en equipos de oficio: cada equipo realiza una parte determinada del trabajo; los obreros en cada equipo eligen un obrero con mandato imperativo y condicionado. La asamblea de los delegados se toda la empresa forma un Consejo que elige de su seno un Comité ejecutivo. La asamblea de los secretarios políticos de los comités ejecutivos forma un comité central de los Consejos, el cual elige, a su vez, de su seno, un comité urbano de estudio para la organización de la propaganda, la elaboración de los planes de trabajo, la aprobación de los proyectos y de las propuestas de las varias empresas y hasta de los obreros individuales, y, por último, para la dirección de todo el movimiento.” (Antonio Gramsci, Antología; Siglo XXI; p.82-93)

La autonomía en la constitución de las comisiones obreras fue reconocida por el gobierno, asimismo la pérdida del poder dentro de la fábrica. Si la hegemonía esta ya dentro de la dominación es evidente que no puede ser conquistada sino se conquista el poder económico, y la estrategia de lucha por el poder, aunque por las condiciones italianas (traición de la dirección del P.S.I., oportunismo, desarrollo de la formación económico-social, etc;) se redujo al poder dentro de la fábrica, demuestra que la universalidad del concepto ‘Consejo de fábrica’ se logra en tanto que la lucha por el control de la producción no obedeció al paro o al hambre, algo hasta entonces inédito, y se trastoca relativo, en tanto, al igual que en el concepto de hegemonía:

“Adquiere naturalmente originalidad, en la medida en que ya no aparece como momento constitutivo de un proceso estructurado de reproducción social (reproducción de determinado modo de producción) sino como una dimensión autónoma de la sociedad que sería posible modificar cualitativamente aún antes de que la estructura de poder haya sido realmente trastocada.” (Agustín Cueva; La teoría marxista; Planeta; p. 151).

No son por tanto solamente los “factores hegemónicos”, los “factores económicos”, es también la estructura económica de las clases sociales la que clarifica la cuestión, pues crea la unidad y conexión de todas las esferas de la vida social y sólo la conciencia acrítica –que no era la de Gramsci- puede ver la “hegemonía” como un fuerza autónoma entre el hombre y su actividad, entre el hombre como productor que no puede comportarse frente a su trabajo como frente a un trabajo directamente social, porque ha perdido el control de sus relaciones sociales de producción. Por eso no es lo mismo decir ‘factor económico’ como si equivaliera a ‘estructura económica’.

¿Dónde radica la originalidad de la hegemonía? ¿Cómo el proletariado turinés en su lucha por el control de la producción no tuvo las motivaciones de la casi toda mayoría del 99% de los movimiento obreros inspirados en el hambre y el paro? Las respuestas están en la comprensión revolucionaria de la estructura económica de Gramsci, en el análisis concreto de la situación concreta en Italia:

“La revolución proletaria no es un acto arbitrario de una organización que se afirme revolucionaria, ni de un sistema de organizaciones que se afirmen revolucionarias. La revolución proletaria es un larguísimo proceso histórico que se realiza con en nacimiento y el desarrollo de determinadas fuerzas productivas (que nosotros resumimos con la expresión “proletariado”) en un determinado ambiente histórico (que resumimos con las expresiones “modo de propiedad individual, modo de producción capitalista, sistema de fábrica o fabril, modo de organización de la sociedad en el Estado democrático-parlamentario)”

De manera que el Consejo de fábrica era un elemento central para la sociedad posrevolucionaria, “Gramsci los califica de ‘semilla de lo nuevo que surge en lo viejo’, instrumentos de ejercicio directo del poder por parte de la clase. Pero, de nuevo, Gramsci no los plantea como modelo de institución para cualesquiera situaciones, sino para la situación italiana de su contexto histórico. Son, por ejemplo, distintos en su configuración de los soviets rusos, que serían su equivalente”. (Un acercamiento a Antonio Gramsci; Tito, www.iniciativacomunista.org)

Las huelgas de abril fueron derrotadas los obreros perdieron porque lucharon solos y el trabajo posterior se centrará en crear un proyecto emancipador con los campesinos del Mediodía, proyecto que fue aplastado por la bota fascista.

No es válido desapercibirse a la hora del análisis de lo que en los hechos ha demostrado la experiencia en la solución de las confrontaciones de clase, algo que el Coquis menciona de pasada, que para la marxología es un problema falso, como lo demuestra Adolfo Sánchez Vázquez:

“Pero lo determinante en última instancia es lo económico. Es la economía, en definitiva, la que determina cuando lo no económico desempeña en una formación económico-social el papel dominante o principal. La distinción entre papel determinante de la estructura económica de la sociedad y papel dominante o principal en una formación social dada es capital en Marx. Sólo esta distinción puede eliminar la falsa problemática (subrayado mío) de la teoría de los factores incompatible con una concepción estructuralista de la sociedad” (Adolfo Sánchez Vázquez; Estructuralismo e Historia; Grijalbo; p. 68)

¿El marxismo es un estructuralismo? ¿En Marx la explicación de la sociedad se reduce a una explicación de la integración de sus elementos? Realmente esto implicaría reducirlo a un método de administración de una bodega como dice Fidel Castro y “no tendría sentido hablar de conciencia revolucionaria si no existiera el capitalismo desarrollado y globalizado, ya previsto hace casi cien años”. (Carta de Fidel al VII Congreso de la UNEAC). De ninguna manera es una falsa problemática, una de las críticas más contundentes del Ché hacia los dirigentes soviéticos la constituía la imposibilidad de deshacerse de categorías propias de la competencia capitalista, así el intrerés material individual era la palanca del desarrollo, de la elevación de la productividad, sin la explotación consabida del capitalismo que dinamiza su desarrollo. Así desde los años 60:

“el acero no es ya el factor fundamental (subrayado mío) para medir la eficiencia de un país, porque existe la química, la automatización, los metales no ferrosos y además de eso hay que ver la calidad de los aceros. La técnica ha quedado relativamente estancada, en la inmensa mayoría de los sectores económicos soviéticos. Falta del ingrediente de la competencia, que no ha sido sustituído , tras los brillantísimos éxitos que obtienen, las sociedades nuevas gracias al espíritu revolucionario de los primeros momentos, la tecnología deja de ser el factor impulsor (subrayado mío) de la sociedad”. (Ché, Algunas reflexiones sobre la transición socialista; Apuntes críticos a la economía política; Ciencias Sociales; p. 11).

El problema entonces, no es nada más de los ideólogos autosuficientes, ineficientes , insuficientes, suficientes, sino de que hay que tener la honestidad para reconocer la importancia que tiene desentrañar estas cuestiones si decimos ser lo que no somos. Engels en una carta a Mehring :

“Con esto se halla relacionado también el necio modo de ver de los ideólogos: como negamos un desarrollo histórico independiente a las distintas esferas ideológicas, que desempeñan un papel en la historia, les negamos también todo efecto histórico. Este modo de ver se basa en una representación vulgar antidialéctica de la causa y el efecto como dos polos fijamente opuestos, en un olvido absoluto del juego de acciones y reacciones. Que un factor histórico, una vez alumbrado por otros hechos, que son en última instancia hechos económicos, repercute a su vez sobre lo que le rodea, e incluso sobre sus propias causas, es cosa que olvidan, a veces muy intencionadamente, estos caballeros […]

Falta además un solo punto en que por lo general ni Marx ni yo hemos hecho bastante hincapié por lo que la culpa nos corresponde a todos, en lo que nosotros más insistíamos y no podíamos menos de hacerlo, era derivar de los hechos económicos básicos las ideas políticas jurídicas y los actos condicionados por ella, y al parecer, al proceder de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma.”

Dejando en claro estos aspectos fundamentales pasaremos a un análisis concreto, para no terminar toreando a toro parado o cansarnos de fornicar como el gatito.

COYOTE.

miércoles 25 de marzo de 2009

Discusión sobre nuestros orígenes (tercera parte):


  • “Mi suegro siempre solía decir.
    “-Si no puedes ser un buen judío, obra como si fueras un buen judío, porque si simulas algo, acabas siéndolo. De lo contrario, ¿por qué se molestan los hombres en hacerse pasar por algo? Tomen por ejemplo al borracho de la taberna: ¿por qué no trata de obrar de otro modo?
    “El rabino dijo una vez:
    “-¿Por qué es "No codiciarás" el último de los Mandamientos? Porque, primero, uno debe evitar obrar mal. Luego, después, uno ya no desea hacerlo. Si uno se detuviera y esperara a que las pasiones cesaran, no lograría nunca alcanzar la santidad.
    “Y así ocurre con todas las cosas. Si uno es desgraciado, obra como si fuera feliz. La felicidad vendrá luego. Lo mismo ocurre con la fe. Si estás desesperado, obra como si creyeras: la fe vendrá después”
    Isaac Bashevis Singer, El Spinoza de la calle Market, p. 137

(Aclaración: los textos que aparecen en letra de tipo diferente de color azul y cursiva, corresponden a lo expresado por El Coquis. El resto es sólo obra del propio autor)

Escrito entre paréntesis, luego de citar a Federico Engels, al inicio de la Discusión sobre la naturaleza del estado mexicano (respuesta a la primera parte de la discusión1), dada a conocer por El Coquis, alias Jorge Álvarez, se afirma lo siguiente:
  • “Enunciar que aunque sea hay que discutir con uno mismo despoja de contenido la razón de ser de todo diálogo, debate, interlocución posible y además imprescindible para el conocimiento científico, dice el lema de Espartaco. Así que no nos pongamos autosuficientes, bien sea denotando sarcasmo sobre la falta de respuesta a una posición, pues ese mismo sesgo, también tiene otra cara: la posibilidad de hacer soliloquios marxistas, monólogos discursivos, al fin que no puede haber apelación a la palabra escrita. Mejor discutamos a secas”.
Esto, quizá se pueda pensar, no tendría la menor importancia si no fuera porque El Coquis fue el único que leyó las dos primeras partes, de esto que “se me ocurrió” ponerle por título el que aparece al principio. Y en ningún momento me comentó lo que afirma.
Lo lógico, como compañeros que supongo somos, hubiera sido decirme lo que pensaba, para que lo discutiéramos y, en su caso, corregir lo que fuera pertinente, o hacer lo que cada uno decidiera si es que no llegábamos a una misma conclusión.
Haberle dado a leer lo que había escrito antes de publicarlo en este blog, por sentido común, no fue para “despojar de todo contenido la razón de ser de todo diálogo,” etc., como lo afirma. Mucho menos para “ponerse de autosuficientes” o acaso buscado “hacer soliloquios marxistas”, etc.
¿Por qué El Coquis no me dijo en su momento lo que ahora afirma? ¿Para qué esperarse hasta publicar su respuesta a la primera parte de la discusión1?
Ahora que El Coquis escupió para arriba, al decir:
“al fin que no puede haber apelación a la palabra escrita”, porque en tratándose de la discusión habida en este lugar sobre la llamada teoría de los factores él ha tenido ventajas: yo le di a conocer lo que escribí antes de publicarlo en el blog, preguntándole lo que pensaba al respecto, mientras que él no hizo lo propio, lo que significa que él sabía lo que iba a exponer antes de hacerlo público, lo cual no fue correspondido por su parte. Entonces, ¿para qué El Coquis hizo lo que hizo?
Haciendo a un lado el hecho por demás absurdo que implica poner a discusión algo (sea en un espacio virtual o no virtual) no queriendo que se discuta, tal y como se puede deducir que hice –según lo que dice El Coquis- con eso de hay que discutir “aunque sea con uno mismo”, revela un contenido que debe ser elucidado. Expresado en otras palabras: para que “Mejor discutamos a secas” es necesario poner las cosas en claro.
El carácter de la honestidad demostrada por El Coquis tiene un fundamento material: es la práctica del espartaco actual, en donde lo que se hace es no hacer caso de nadie, no darle a cada quien el lugar de compañero que tiene al ser espartaco y, ergo (escribiría o, más bien, teclearía aquí el aludido), destruir lo que por tantos años ha sido uno de los pilares de espartaco y lo que ha hecho ser al propio espartaco: el compañerismo. Siguiendo los pasos de los “dirigentes morales” (dixit Sendic) del espartaco de hoy, quienes son como los chuchos del perrede (destruyendo la casa desde adentro), El Coquis no podía sino refrendar “el problema principal” que tenemos todos los espartacos en algún momento (claro, se entiende que lo tenemos cuando lo queremos enfrentar y resolver, pues de otro modo no es tal): hacer nuestro ajuste de cuentas. No encuentro otra manera de poder explicar la honestidad demostrada por El Coquis, que sigue los pasos como palero de los “dirigentes morales” del actual espartaco.
Como quien dice: el Coquis ya está chocheando. En fin.
Para que “Mejor discutamos a secas”, nunca hace falta seguir insistiendo que en nuestros orígenes están muchas cosas y que son, digo, sobre la base de los principios que tenemos, un asunto que se resume en la idea de ubicar el lugar que espartaco (visto como principios) tiene en nuestra vida.
Hacer esta ubicación es una decisión que en conjunto se toma cuando se trata de arreglar o poner en claro alguno de los múltiples asuntos de coyuntura (política, ideológica o histórico-social), a los que nos hemos tenido que enfrentar. Así fue, por ejemplo, como se resolvió, en su momento, el dilema de participar o no en la fundación del perrede. Se discutió lo que en su momento hubo de discutirse hasta llegar a una conclusión que convenciera a los espartacos de entonces. Este ha sido el método de discusión en espartaco sobre la base de convencernos al considerarnos, los propios espartacos, como compañeros entre sí.
Bajo este método de discusión los espartacos nos hemos politizado (hemos decidido coger los principios que decimos enarbolar) hasta donde decidimos, porque no se le hace la vida a nadie, ni se le dice a nadie cómo la haga. En todo caso, de acuerdo a cómo cojamos esos principios es cómo nos ubicamos como espartacos (lo que llamamos las órbitas -niveles- de participación) y como personas que hacen su vida en el lugar donde nos toque vivir. Por esta razón, digo, llegamos a entender a qué nos referimos cuando se afirma que espartaco es un planteamiento de vida.
Decir, como afirma El Coquis:Enunciar que aunque sea hay que discutir con uno mismo despoja de contenido la razón de ser de todo diálogo”, motiva al menos una paradójica pregunta: ¿cómo decir entonces que uno concluye esto o aquello, sino es “discutiendo con uno mismo”?
Existe una parte fundamental de decisión en las cosas que concluimos cada quien (y las concluimos “discutiendo con uno mismo”, así entre comillas, porque nunca hemos de olvidar que lo que pensamos lo pensamos en función y como resultado de un determinado contexto histórico y social, perteneciendo a una determinada clase social, que podemos poner en tela de juicio si decidimos hacerlo) y, ergo (diría El Coquis), hay una parte de decisión en cómo y hasta dónde cogemos esas conclusiones a las que llegamos (“discutiendo con uno mismo”) para de este modo incluirlas o excluirlas al hacer nuestra vida. Cada quien decide coger los principios que decimos enarbolar como parte del sinfín de decisiones que toma a lo largo de la vida. Decisiones como éstas son “difíciles”, “complicadas” (expresarían algunos), porque, como se diría de común, hechos son amores y no buenas intenciones, y lo que decimos que enarbolamos sólo puede ser constatado en lo que hacemos.
Decir como afirma El Coquis: “Así que no nos pongamos autosuficientes, bien sea denotando sarcasmo sobre la falta de respuesta a una posición”, me lleva a la duda de ¿qué hemos hecho entonces los espartacos sino defender nuestra “autosuficiencia” (autosuficiencia: Estado o condición de quien se basta a sí mismo, Diccionario de la Real Academia Española, DRAE) para decidir, por mutuo propio, lo que en diferentes momentos hemos decidido “desde que los espartacos crearon a espartaco”?
La suficiencia es sinónimo de presunción, engreimiento o pedantería (pedante: Dicho de una persona engreída y que hace inoportuno y vano alarde de erudición, téngala o no en realidad. DRAE), siempre que el que se jacte de autosuficiencia actúe con presunción, engreimiento o pedantería. Pero entonces, ¿no hay que ser “autosuficientes”?
Si se concluye algo o se tiene una idea o un planteamiento determinado, y se expone a los demás como resultado de “discutir con uno mismo”, ¿se está violando o violentando, que no es lo mismo, alguno de los “principios de espartaco”? ¿Hasta dónde y quién puede decidir “que no nos pongamos autosuficientes”, cuando “ponernos autosuficientes” es lo que espartaco ha hecho “desde que fue creado por los propios espartacos”? ¿O ahora, para que “no nos pongamos autosuficientes”, debemos depender de alguien más: papi, mami, por ejemplo?
Ya lo que sigue:
“bien sea denotando sarcasmo, sobre la falta de respuesta a una posición”, es obvio que se está diciendo la misma cantaleta de las “buenas conciencias”: “debemos guardar las formas”, ser “bien portados”, “decentes”. Y así, como quien no quiere la cosa, espartaco pasa de ser una “organización política de izquierda” (dixit El Coquis) que reivindica el marxismo-leninismo… a una agrupación de buenos cuates que “se portan bien” y “guardan las formas”, donde el marxismo-leninismo sólo es reivindicado de dientes para fuera porque es lo cool (lo que está de moda).
Pero “no nos pongamos autosuficientes” y mejor dejemos que el capitalismo actual (o mami, o papi, o cualquier otra figura ideológica de las que abundan en el sistema) siga castrándonos el espíritu… aunque nos den chance ser un poco trasnochados con eso del marxismo-leninismo.
Discutir sobre nuestro orígenes implica, desde luego, decidir qué haremos con nuestra vida, en el sentido “autosuficiente” ya expuesto, y con todas las consecuencias que conlleva, porque las gentes que somos al no dejar de ser gentes, tenemos prejuicios, debilidades, somos muchas cosas que por una “comodidad en la exposición” resumimos como gentes. Y de lo cual hay mucho de qué hablar.

Discusión 1: La llamada teoría de los factores
La consciencia (y la ciencia es una forma específica de la consciencia) está determinada y es determinista, al menos en 2 aspectos fundamentales: a) en un sentido general y abstracto, lo subjetivo (consciencia) es el reflejo de lo objetivo (ser) en el cerebro del ser humano, por lo que ya desde este aspecto básico lo subjetivo se encuentra determinado por lo objetivo a partir de cómo se refleje éste en aquél y, por ende, cómo se va construyendo la consciencia en el ser humano (desde las percepciones, las sensaciones, los conceptos, las categorías, la formación de ideas, hasta llegar a la forma específica de la ciencia); b) ya desde el hecho de que el ser humano se planteé en su consciencia aprehender tal o cual fenómeno de lo objetivo está determinando un fin (objeto de estudio) de lo objetivo (ser) y un medio (método) por el cual aprehenderlo. Para estos dos aspectos fundamentales de la consciencia el ser humano debe decidir (tomar partido) cómo resolver un problema central y básico: ¿es el ser lo primero o es la consciencia lo primero? Si decide que el ser antecedió a la consciencia deberá, por tanto, continuar con la lógica que implican los dos aspectos fundamentales ya enunciados. Si decide que la consciencia antecedió al ser deberá voltear de cabeza los aspectos mencionados en los dos aspectos fundamentales para seguir la lógica correspondiente, inversa de la primera solución. Y decimos que se trata de una decisión porque, como en todos los aspectos humanos, de cómo se resuelva el problema central y básico entre lo objetivo (ser) y lo subjetivo (consciencia) dependerá la lógica que siga toda elaboración de conocimiento.
Decir como expresa El Coquis: “La determinación en la ciencia alude a la posición entre los elementos de un proceso”, ya implica haber tomado una solución del problema central y básico entre el ser y la consciencia, por que si lo que “alude” (aludir: Mencionar a alguien o algo o insinuar algo/ Dicho de una cosa: Tener una relación, a veces velada, con alguien o con otra cosa. DRAE) “a la posición entre los elementos de un proceso” es “La determinación en la ciencia”, lo que estamos diciendo es que en la ciencia hay una forma específica (“posición”) en que se relacionan (“alude”) “los elementos de un proceso” (suponiendo que aquí por “proceso” se entiende un fenómeno de lo objetivo). En otras palabras “los elementos de un proceso” (sean cuales sean estos elementos) tienen una determinación específica en la ciencia: a) que no guarda relación con la forma específica (“posición”) que tienen en sí en el “proceso” objetivo; b) que, por tanto, dicha “determinación en la ciencia” obra independiente de lo que suceda en sí con el “proceso” objetivo; y c) que, en consecuencia, lo único que determina “la posición entre los elementos de un proceso” es la ciencia misma. Traduciendo esto: estamos aquí ante una solución determinada del problema central y básico entre el ser y la consciencia, que nos “alude” a que primero es la consciencia (“causalidad como origen y explicación”, dixit El Coquis) y luego el ser (“en su otro extremo, apunta al efecto producido”, dixit El Coquis). ¿Para qué entonces se santigua El Coquis desde el inicio citando a Federico Engels con eso de “Según la concepción materialista de la historia”, etc., si ha tomado desde el principio una posición filosófica contraria a lo que cita?
La honestidad de lo que pretende está resumida en lo siguiente:
  • “Ahora bien, precisamente en razón de no darse mecánicamente el movimiento de causa-efecto, es dable seguir precisando por qué la acusación de determinista-economicista-reduccionista hacia el marxismo, es una operación ideológica que de ser desmontada en sus más íntimos mecanismos; eso potenciará el atender a toda la riqueza del materialismo dialéctico”.

Pero, como de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, “es dable” precisarle, del modo más humilde que puedo a su honesta pretensión teórica, que si su propósito es potenciar “toda la riqueza del materialismo dialéctico”, a partir de “desmontar” (Separar los elementos de una estructura o sistema intelectual sometiéndolos a análisis, DRAE) “una operación ideológica”, lo consecuente sería más bien destruir (Deshacer, inutilizar algo no material, DRAE) esa “operación ideológica” tomando un partido radical (Fundamental, de raíz, DRAE), y no sólo quedarse en “lo meramente contemplativo” (dixit El Coquis) al sólo “desmontar”, pues sólo destruyendo de raíz “una operación ideológica” es como se puede construir y potenciar “toda la riqueza del materialismo dialéctico”.
Y esto de destruir de raíz “una operación ideológica” implica, sin duda, que en principio decidamos tomar un partido “a través de la praxis” (dixit El Coquis) por resolver de un modo contrario el problema central y básico entre el ser y la consciencia a como ya nos demostró que lo está haciendo El Coquis. Al menos si queremos tener “a través de la praxis” (dixit El Coquis) una práctica teórica congruente y consecuente con el propósito honesto de potenciar “toda la riqueza del materialismo dialéctico”.
La honestidad con que concluye es elocuente de lo expuesto, al confirmar que:

  • “Así haya sido “una falla de la lucha de los-muertos-de-hambre” el esquematismo (ver la sucesión de cinco modos de producción, ensalzar el factor económico) el ángulo aquí expuesto del problema es el de la castración del potencial analítico y transformador del materialismo dialéctico, por parte de la ideología burguesa en su afluente teórica. Esto pretende arribar a cómo se ha ido constituyendo el estado burgués en México, como la idea original, pero resultará más productivo discutir (y no con uno mismo) lo que vaya surgiendo en el camino”

Porque no se puede destruir ningún ángulo de una “operación ideológica”, aunque sólo se trate “de la castración del potencial analítico y transformador del materialismo dialéctico, por parte de la ideología burguesa en su afluente teórica”, si ni siquiera somos “autosuficientes” para asumirnos en una discusión “aunque sea con uno mismo” como materialistas, ya no digamos dialécticos, que toman el partido consecuente por resolver el problema central y básico entre el ser y la consciencia de un modo no idealista.
La llamada teoría de los factores donde el factor económico viene a ser el determinante de última instancia debe ser tomada como tal, para que todas las consecuencias que eso implica no nos lleve a hacer un engrudo de conceptos en donde “confundamos” la “autosuficiencia” de discutir “aunque sea con uno mismo”, con la honestidad teórica demostrada por El Coquis, que en sus formas dice reivindicar el materialismo pero que en los contenidos demostrados
“a través de la praxis” (dixit El Coquis) de su honestidad es un idealista trasnochado. Porque en vez de politizar (coger para uno mismo los principios que decimos enarbolar) estamos despolitizando y, ergo (dixit El Coquis), reproduciendo “la castración del potencial analítico y transformador del materialismo dialéctico, por parte de la ideología burguesa en su afluente teórica”.


Discusión 2: La teoría de la retaguardia

Hay aquí algo pendiente que debe ser elucidado con calma y yendo por partes en distintos momentos. El modo de producción capitalista no existe como tal, en estado puro. Lo que existe en la realidad objetiva (porque también existe la realidad subjetiva que es la consciencia, o espíritu diríamos de modo poco ortodoxo) son formaciones económico-sociales en las que las relaciones sociales de producción capitalistas, constituyen las relaciones predominantes pero no las únicas. Como para abordar esta situación se necesita ir poniendo en claro muchas cosas, por una “comodidad de la exposición” se ha hablado de los muertos-de-hambre, porque no existe una categoría o concepto que englobe a todo el pueblerío que constituye la chusma (no sólo la chusma que son para el sistema los obreros, sino muchos otros chusmos que se encuentran revueltos entre sí y que es menester ir distinguiendo, tratando de no hacer chisme ni cuadraturas propias de los que se autodefinen, de dientes para afuera, marxistas-leninistas y dialécticos materialistas).
En el México actual la consciencia política organizada de los muertos-de-hambre (lo que en la jerga política es la izquierda radical) se encuentra en la retaguardia de la coyuntura. Los así llamados teóricos de la izquierda se han hecho engrudos de conceptos al más puro estilo de la honestidad teórica tipo El Coquis. No hablamos de los que han renegado del marxismo-leninismo que, por obvias razones, ahora defienden lo que antes habían combatido. Sino de aquellos que se supone siguen siendo de izquierda, pese a todo, en las muy particulares formas que se inventan para definir su justificación por buscar acomodarse dentro del sistema. Porque de lo que se trata en la teoría de la retaguardia no es una apología del dogma que hay al repetir que los elementos más conscientes del proletariado constituyen la vanguardia histórica, cuando ni siquiera los muertos-de-hambre (y no sólo los obreros) carecen de la consciencia del marxismo-leninismo, de la consciencia sobre sus condiciones materiales de vida, ni de la necesidad material que hay para que hagan su propia organización política.

Definir la organización política de los muertos-de-hambre es algo que en los hechos harán ellos mismos. Tiene sentido hablar y teorizar sobre eso, en la medida en que el capitalismo no es único en todos los lugares del mundo. El capitalismo tiene sus particulares desarrollos en cada lugar donde es el modo de producción predominante. Por esta misma razón, los capitalistas (la burguesía como clase social) toman las formas específicas para dominar en cada lugar según las particularidades que tiene el desarrollo de su capitalismo.
Para dominar al mundo los capitalistas han aprehendido a lo largo de su historia lo que pueden hacer, los límites de este poder y el carácter de estos límites. Aunque de su voluntad surja, por ejemplo,
“una operación ideológica” construida por su “afluente teórica” en las formas de democracia o fascismo, lo que han aprehendido es en qué momento, cómo y hasta dónde pueden aplicar alguna de las formas específicas para cada lugar. No de balde las luchas por la liberación nacional, las derrotas del fascismo y las revoluciones de los muertos-de-hambre, en distintos momentos y lugares del mundo, han sido estudiadas por los capitalistas con el propósito de aprender qué hacer para no ser derrotados.
Para los muertos-de-hambre el asunto presenta otras complicaciones porque además de analizar lo que han hecho, cómo lo han hecho y qué más pueden hacer los capitalistas para mantener su dominio en el mundo, deben aprehender lo que han hecho los propios muertos-de-hambre, los límites de estos hechos y el carácter de estos límites, a fin de poderse plantear qué hacer para derrotar a los capitalistas en cada lugar del mundo y de acuerdo con las condiciones materiales específicas (sociales e históricas) en que se encuentran. Por estas razones tiene vital importancia saber tanto el papel del individuo en la historia como el papel de las masas de muertos-de-hambre en la historia.
Las crisis capitalistas crean la coyuntura, abren la posibilidad material para la transformación social por parte de los muertos-de-hambre. Pero sólo esto. Porque lo que los muertos-de-hambre pueden hacer, los límites de este poder y el carácter de estos límites, depende de que exista o no existe su organización política, cuál sea el contenido de esta organización si es que existe, y, por tanto, qué parte de los muertos-de-hambre está al frente y dirige a esta organización. Estos “elementos de un proceso” son los que definen el grado de madurez en que se encuentra la lucha de los muertos-de-hambre y la posibilidad material (la correlación de fuerzas tanto al interior de los muertos-de-hambre y de los capitalistas, como entre estos “elementos de un proceso”) para definir el carácter de una lucha reformista o de una transformación social (revolución).

Esto que se dice de un modo bastante simple encierra dilemas de consciencia política para los muertos-de-hambre, porque el “potencial analítico y transformador del materialismo dialéctico” aplicado al estudio de los “elementos de un proceso” histórico de la sociedad (materialismo histórico) implica, por una necesidad real de una práctica teórica política, el ajuste de cuentas correspondiente a fin de colocar a los “elementos de un proceso” en el sitio que deben tener. Lo cual, desde luego, sólo puede ser efectuado por los mismos muertos-de-hambre en una discusión “aunque sea consigo mismos”, porque por mucha voluntad que tenga alguna vanguardia histórica no se puede sustituir o suplantar lo que los propios muertos-de-hambre decidan hacer, en el supuesto caso de que hagan algo respecto del ajuste de cuentas aquí descrito. Por esto es que de común se dice que cada pueblo hace su propia historia.
Un ejemplo.

Los movimientos populares que se desarrollan en distintos países de América Latina (Bolivia, Argentina, Ecuador, Venezuela, Brasil y México) tienen distintas características que, de un modo general, están definidos por una serie de reformas dentro del capitalismo. Las particularidades de cada uno dependen del tipo de organización política que los muertos-de-hambre han podido construir para llevar a cabo sus distintas luchas, en las condiciones materiales (sociales e históricas) en que se encuentra desarrollado el capitalismo en esos países. Por eso, aunque la mucha voluntad de alguna vanguardia histórica o la voluntad de protagonismo de algún individuo dirigente, quiera empujar hacia una transformación social (revolución), debe tomarse en cuenta tanto el contexto que rodea a cada lugar como el que existe en su interior, para determinar lo que pueden hacer, los límites de este poder y el carácter de estos límites.
Lo que sucede con la lucha de los muertos-de-hambre en Europa tiene distintas características a las de América Latina, porque el capitalismo se ha desarrollado “a mayor profundidad”, ocurrieron transformaciones sociales en distintos lugares de ese continente y se derrotó en su momento a los fascismos impulsados en varios países. Por estas razones el dilema entre reformismo y transformación social (revolución) en estos lugares no tiene las mismas características, tanto en el contexto que rodea a cada lugar como el que existe en su interior. E igual debe ser analizado lo que los muertos-de-hambre pueden hacer, los límites de este poder y el carácter de estos límites.
Del mismo modo deben ser estudiadas las particularidades que tienen los dilemas de consciencia política de los muertos-de-hambre en la hegemonía política y militar que es la mayor potencia imperialista actual: los EUA.
A lo que queremos llegar es que para cada lugar deben tomarse en cuenta las particularidades que tiene el capitalismo a medida que se ha desarrollado, a fin de entender lo que los muertos-de-hambre pueden hacer, los límites de este poder y el carácter de estos límites.
Pero el dilema en la consciencia política para los muertos-de-hambre tiene cosas fundamentales en común, que no están determinadas por las características particulares de cada lucha. Entre una lucha reformista y una por la transformación social, es “obvio de toda obviedad” que a lo que deben tender los muertos-de-hambre es hacia hacer la revolución, porque es el único camino que puede darles la posibilidad de hacer en la historia, “con sus propias manos”, una sociedad como decidan hacerla. Aunque esto “es mucho decir”, porque entre eso a lo que deben tener y lo que pueden hacer, hay mucha diferencia.
Las luchas por reformas del capitalismo para “limar las aristas más filosas” de éste ha sido, en la historia, una lucha que ha encabezado la propia burguesía. En la retaguardia se ha colocado, por comodidad o por inutilidad, la consiciencia política de los muertos-de-hambre, en sus muy variadas formas que ha tomado (partido político, organización de masas, movimiento barrial, organización indígena, sindicato, etc.). Así sucedió en los casos donde los llamados partidos comunistas arriaron la bandera de la revolución para levantar el pendón del gradualismo (como pasó en México). Por esta traición se dio vida al reformismo en el mundo. ¿Esto implica, entonces, que los muertos-de-hambre no hagan luchas por reformas dentro del capitalismo?
Para que los muertos-de-hambre derroten a los capitalistas deben desarrollar todas las formas posibles de la lucha legal e ilegal, de la lucha por reformas y de la lucha por la revolución, sin perder de vista que es la transformación social el objetivo final que busca llevar a cabo en la historia. Luchar por reformas dentro del capitalismo es necesario para que los muertos-de-hambre aprehendan de esta experiencia. El asunto, digo, es que la consciencia organizada de los muertos-de-hambre pueda distinguir entre la lucha inmediata, economicista, por reformas dentro del capitalismo, de lo que es en sí la transformación de la sociedad. Para esto no existe más que el decálogo del marxismo-leninismo, para expresarlo de un modo poco convencional, que debe ser aplicado al análisis y práctica en las circunstancias concretas, particulares de cada lucha, como la herramienta, el instrumento de análisis y politización de los propios muertos-de-hambre.
Desde luego si lo que se pretende es llevar hasta sus últimas consecuencias el “potencial analítico y transformador del materialismo dialéctico” en el análisis de la historia para la transformación social, y no sólo “desmontar” “una operación ideológica”, porque en lo que nos tardemos en “desmontar” la burguesía habrá levantado muchas más, que querremos “desmontar” y el tiempo nos habrá comido los años, pasaremos a la historia sin siquiera habernos atrevido a sostener la “autosuficiencia” de una “discusión con uno mismo”, como para haber dejado alguna huella en alguien… aunque sólo se trate de “uno mismo”.

25 de marzo de 2009
Israel Octavio Caballero de la Rosa

lunes 23 de febrero de 2009

A manera de fe de erratas: en el párrafo en donde dice en el artículo que aparece líneas abajo: "sin concreción en su esencia material de dominación", debe decir simplemente "sin concreción en su esencia material". Ustedes disculpen.
El Coquis

Discusiones sobre la naturaleza del estado mexicano (Respuesta a la primera parte de la discusión 1)

Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta --las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas-- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. (Carta de Engels a Bloch)



(Enunciar que aunque sea hay que discutir con uno mismo despoja de contenido la razón de ser de todo diálogo, debate, interlocución posible y además imprescindible para el conocimiento científico, dice el lema de Espartaco. Así que no nos pongamos autosuficientes, bien sea denotando sarcasmo sobre la falta de respuesta a una posición, pues ese mismo sesgo, también tiene otra cara: la posibilidad de hacer soliloquios marxistas, monólogos discursivos, al fin que no puede haber apelación a la palabra escrita. Mejor discutamos a secas.)

La determinación en la ciencia alude a la posición entre los elementos de un proceso, a la causalidad como origen y explicación; en su otro extremo, apunta al efecto producido. El rejuego de ambos términos de relación dista de linealidad, hay una interacción, o dicho con mayor precisión, una relación dialéctica, donde unas fuerzas imprimen su movimiento e impulso específico al fenómeno en cuestión generando su especial desarrollo al que gobierna. De modo que no se puede dejar suspenso el problema de la génesis que hace viable el surgimiento de cada proceso igualando al mismo nivel todo aquello involucrado en su aparición y decurso. De ahí la pertinencia metodológica de rastrear lo causal. Nunca es pues, mero capricho investigar el por qué algo nace y crece, en función de hallar cómo funciona la contradicción, hacia dónde se dirige tendencialmente. Cada aspecto cobrará su lugar en la totalidad concreta, ya sin visos de caos. Tendrá entonces su lugar el cómo se articulan los elementos en conjunción bajo el horizonte de lo concreto-pensado. Pensemos esto para la naturaleza, pensémoslo también para la sociedad, donde al ser el hombre ese ser social que analiza y se analiza, (esa materia pensándose a sí misma) torna más complicada la objetividad, para empezar.
La garantía sin reclamaciones para no perderse en hacer ideología en lugar de ciencia, en gran parte radica en irrumpir o subvertir lo meramente contemplativo, lo rebuscadamente apologético, a través de la praxis que descorre los disfraces y derrumba las verdades consagradas: sólo a condición de establecer los nexos en su justa conexión.
Ahora bien, precisamente en razón de no darse mecánicamente el movimiento de causa-efecto, es dable seguir precisando por qué la acusación de determinista-economicista-reduccionista hacia el marxismo, es una operación ideológica que de ser desmontada en sus más íntimos mecanismos; eso potenciará el atender a toda la riqueza del materialismo dialéctico.
La imprecación de determinista, funciona en varios sentidos:
La defensa a ultranza de la eternización de las relaciones instituidas por la burguesía, cuya gravitación está en la propiedad privada. El nunca penetrar al corazón del capitalismo, de sus contradicciones, permite maniobrar hacia conceptos etéreos como el de sociedad (de individuos, no de clases que luchan entre sí), de estado (como neutral) y de economía (en la pureza, llena de “agentes” y variables).
Se propone estudiar al mundo como un lugar sin intereses concretos. A final de cuentas, ya no se propone, sino se impone la inmutabilidad del orden vigente, en contraste con la época de la burguesía como clase social revolucionaria, cuando cada hallazgo o aportación a la cosmovisión del ser humano, representaba la transgresión al dominio de la nobleza terrateniente y su despotismo absolutista.
Nombrar utopía al comunismo, lo mismo que a su etapa de transición, es decir, el socialismo, plantea que se trata de algo meramente ideal sin concreción en su esencia material.

Con fines ilustrativos, más que por apelar a la “autoridad” de los autores de la burguesía, veamos cómo no es asunto menor el pretendido determinismo mecanicista y economicista de sus elaboraciones teóricas visto en el ojo ajeno del materialismo histórico. Vaya, incluso mostrando una vertiente de matriz crítica y de cartas progresistas (más proclive al ámbito de la confusión, al hablar lenguaje “marxista”).
“La política ya no es solamente un fenómeno superestructural. Y si la sociedad ya no es ‘autónoma’, es decir, ya no se mantiene, autorregulándose, como una esfera que precede y subyace al Estado —que era lo específicamente nuevo del modo de producción capitalista—, entonces el Estado y la sociedad ya no se encuentran en la relación que la teoría de Marx había definido como una relación entre base y superestructura. Y si esto es así, tampoco es posible desarrollar ya una teoría crítica de la sociedad en la forma exclusiva de una crítica de la economía política. Pues un tipo de análisis, que aísla metódicamente las leyes del movimiento económico de la sociedad, sólo puede pretender captar en sus categorías esenciales el contexto de la vida social cuando la política depende de la base económica y no al revés, cuando a esa base hay que considerarla ya como función de la actividad del Estado y de conflictos que se dirimen en la esfera de la política” (Habermas, Jürgen. Ciencia y técnica como “ideología”. Tecnos, Madrid; pp. 82-83)

No por más refinada y condescendiente con conceptos presuntamente marxistas, esta posición tampoco dista de tratar de confinar al rincón del grosero reduccionismo a la economía política, de modo muy dirigido. El corolario de ello es que la abstracción despoja, no aísla: genera un agujero negro por donde entra y ya no sale la política, al considerarla una función de la base económica. Ergo, debe el análisis científico del propio capitalismo y la técnica en éste agigantada, verse como instancias separadas de lo económico. Donde dice autonomía está diciendo divorcio, separación plena. El mismo estado ha de verse así como fuera de la totalidad concreta de lo social, sin reflejar en ningún átomo, la explotación capitalista. De esa manera, lo superestructural no puede ser objeto de estudio en el materialismo histórico, pues se le ve como reducido a la “base económica”. De ahí en adelante, cualesquiera maniobras especulativas cobrarán lógica en lo formal.

A la par, leemos:
“(…) me parece que existe un cierto punto en común entre la concepción, digamos, jurídica, liberal del poder político que se encuentra en los filósofos del siglo XVIII y la concepción marxista, o en todo caso, una cierta concepción que corrientemente se considera marxista. Este punto común sería lo que llamaré el economicismo en la teoría del poder. (…) En el otro caso -me refiero a la concepción marxista general del poder- esto no es en absoluto evidente; pero en ella hay algo distinto que podría denominarse funcionalidad económica del poder, funcionalidad económica en la medida en que el poder tiene esencialmente el papel de mantener actualmente las relaciones de producción y una dominación de clase que favorece su desarrollo, así como la modalidad específica de la apropiación de la fuerza productiva que lo hacen posible. El poder político encontraría, pues, que en la economía estaría su razón política, histórica de existencia.” (Michel Foucault. Microfísica del poder).

Aquí, la solución teórica a definir el origen del poder, la buscará en otro terreno fuera de la economía: las relaciones de fuerza, la represión, la guerra más allá del sostenimiento de relaciones clasistas en la producción. Ya con la adscripción del marxismo a un economicismo, se favorecerá el impulso por ir más allá de lo económico. El poder será visto como un concepto alejado de contradicciones en torno a la explotación. Nótese una vez más cómo se enfatiza la unívoca direccionalidad (un ir sin retorno) de lo económico a lo político; sacar de la jugada a la dialéctica permitirá eliminar la influencia de lo superstructural en “el curso de las luchas históricas”.
En estas perspectivas, es menester perder el carácter dinámico, cambiante, en desarrollo, de la dialéctica. ¿Qué queda en pie? Toda la carga ideológica de no peligrar pisando las arenas movedizas bajo las cuales se encuentra la producción capitalista.
Siglos antes, alrededor de la revolución industrial, la burguesía y sus pensadores trataron de desmitificar el curso de la historia poniendo en jaque a la apologética feudal como al investigar el valor en la economía política, todavía en el centro de la producción (desde luego sin llegar a fondo, ni resolviendo la naturaleza de la plusvalía). Como también postularon como lo racional al naciente estado burgués -sin la doble moral de negar que era para el apuntalamiento del capital-, sus formas como la república democrática. El vínculo de economía y política para la teoría burguesa, en medio de la lucha social y por el poder, se va disolviendo naturalmente, pues es preciso dibujar los contornos de la mitificación del estado una vez consolidado, ideologizando a mayor escala el conocimiento de lo social con especial ahínco.
Después del pensamiento burgués que pudiera considerarse como clásico, arraigarán con vigor las teorías dirigidas a establecer el control social (positivismo, empirismo, marginalismo, etc.) del estado y de la economía; esto ocurre ya con el abanderamiento del marxismo como teoría revolucionaria de los núcleos más avanzados de la clase obrera y sus partidos políticos: la teoría se vuelve doctrina (con un adjetivo ineludible: antimarxista) desde la primera experiencia de la Comuna de París hasta la revolución bolchevique de 1917 en Rusia.
Así haya sido “una falla de la lucha de los-muertos-de-hambre” el esquematismo (ver la sucesión de cinco modos de producción, ensalzar el factor económico) el ángulo aquí expuesto del problema es el de la castración del potencial analítico y transformador del materialismo dialéctico, por parte de la ideología burguesa en su afluente teórica. Esto pretende arribar a cómo se ha ido constituyendo el estado burgués en México, como la idea original, pero resultará más productivo discutir (y no con uno mismo) lo que vaya surgiendo en el camino.



El Coquis, alias Jorge Álvarez.



jueves 12 de febrero de 2009

Discusión sobre nuestros orígenes (segunda parte)

A diferencia de muchas de las cosas que solemos hacer, decir, pensar, con las que solemos vivir y hacer nuestra vida del modo como la hacemos todos los días (comer, dormir, cagar, orinar, sudar, reírnos, caminar, etc.), el conocimiento exacto (científico) del mundo parece una quimera, una estrafalaria pretensión que es natural de las grandes cabezas a las que les es posible llegar a las cumbres más altas, como si fueran colosos de rodas, y frente a los cuales, el resto de los mortales, todos los que no somos parte de esa elite que dizque deambula soñolienta y borracha con los más grandes pensamientos, teorías, ideas, retumbando en esas sus grandes cabezas, estamos en un plano inferior de la escala social. La idea más chabacana de esta sublime pretensión, es llegar a concebir que la ciencia sólo se crea por las “luminarias” que desde su cubículo, el laboratorio, o la universidad misma, están debatiéndose a cada momento por desentrañarle las tripas a la famosa realidad real, valga la expresión, para levantar el edificio de la realidad pensada.
Y mientras más complicada sea esa formulación teórica de la realidad real (o realidad realmente existente, dirían algunos), mientras menos la entendamos los simples mortales (por la así llamada “complejidad del conocimiento”) y sólo quede al “libre albedrío” de esa “positiva comunidad de científicos”, es mejor para todos. De otro modo, con los simples mortales participando en el parto del nuevo conocimiento, el mundo perderá su equilibrio actual y la grandeza del individuo estará demasiado gastada para ser objeto del deseo de nuestras miradas. ¡Cualquiera querrá ingresar a esa vitrina donde están a la venta las grandes cabezas de la ciencia! Y eso, por una costumbre que hace de la chabacanería toda una fórmula de pensamiento, bajaría su cotización, al aumentar la oferta.
Ya se sabe, por esa mecánica del pensamiento común y corriente en el capitalismo (eso que llaman el “sentido común”, y que otros dirían ideología, lo que es más propio), que toda oferta crea su propia demanda, pero para ingresar al nuevo mercado se requerirán cada vez más, y cada vez más, especializarse en algo, en una parte, en alguna característica o condición de cierto fenómeno del cual se deberá ser de los pocos privilegiados que lo conozcan, sepan cómo es y de qué modo se encuentra en movimiento. Nace de esta competencia el prurito por la carrera desaforada, sin tapujo alguno, para obtener un lugar, algún hueso (aunque sea académico) o mérito de sabedor de algo.
Lo más vulgar de todo esto es la venta del alma, el oportunismo descarado, la lambisconería sin freno, que muchos practican en las universidades, centros de investigación y demás “recintos del conocimiento”, con tal de obtener un emolumento cualquiera a cambio de perder todo rastro de dignidad, de respeto a sí mismo. Lo más grotesco es la pose de vedette académica, esa estúpida imagen que el llamado científico, el llamado investigador tiene de sí mismo, en donde se imagina que mientras más mamón sea es porque sabe, según él, más.
Discutir sobre nuestros orígenes es algo que tiene muchos planos y enfoques, para expresarlo de un modo mas bien convencional, porque no puede sino mirarse uno mismo dentro de esos nuestros orígenes, tantos como seamos capaces de hurgar, sólo hechos a un lado por una costumbre (práctica) de estarnos analizando a nosotros mismos, tanto como decimos (o lo hacemos de verdad) que analizamos al mundo.
No se trata de una psicología del individuo, sino de una actitud que podría decirse de atrevimiento irreverente por concebirnos como resultados y actores de una realidad real, valga la expresión, que necesita ser estudiada para transformarse, transformándonos a su vez, con todas las consecuencias que eso implica, porque las gentes nunca dejamos de ser gentes, lo cual siempre conlleva problemas, angustias, alegrías y cosas que nos hace ser lo que somos, pero sin olvidar para nada que eso que somos, lo somos porque somos sociales, históricos.
Para decirlo de un modo coloquial, no por eso menos importante dentro de esos nuestros orígenes, somos los únicos seres vivos con aires de grandeza porque nadie (ningún otro ser vivo que conozcamos) nos puede decir lo contrario, al menos hasta el momento, aunque esas pretensiones nos hagan ser, actuar, pensar, vivir con ese signo ridículo, por no decir estúpido, que nos depreda a nosotros mismos, nos mutila hasta el alma, como para sentirnos con el derecho irrenunciable de quedarnos con el sí quiero, sí quiero… pero no puedo, que visto ya en un plano mucho más grandote (para que no nos sintamos tanto con el abigarrado nudo de nuestras aspiraciones) es algo similar, guardando las debidas proporciones y todas las diferencias existentes, al llamado espíritu depredador del capitalismo (digo, porque de algún lugar tomamos lo que tomamos para ser lo que somos), que ya en las actuales circunstancias que lo conocemos, como diría Fidel Castro, sin ser el único, en la entrevista de 100 horas que le hizo Ignacio Ramonet, hace que sus problemas de reproducción (del capitalismo) sean ya problemas de sobrevivencia de la misma humanidad debido al agotamiento de los recursos que hay en la naturaleza, y con los cuales se hace todo lo que conocemos que se hace en y para que funcione el mundo actual, circunstancia que no previó Marx (y que no podría prever, porque no era gurú, chamán, ni tenía bolita mágica para ver el futuro, sino que sólo contaba con el conocimiento del capitalismo existente en su tiempo, a partir del cual extrajo las conclusiones que extrajo) en su obra fundamental EL CAPITAL.
De este modo, según se puede inferir, sobre todo en el capitalismo, por esta razón es de gran verdad el dicho popular, bien dicho por ciento, de que la impunidad del gandalla siempre requiere de unos pendejos a los cuales agandallar. Sólo que en política no hay pendejos, sino que se toma la posición de la clase social con la que identificamos nuestra alma.
La falsedad (falta de verdad o autenticidad) del marxismo-leninismo está en ser una ideología determinada. Digo, falsedad para el “libre albedrío” de esa “positiva comunidad de científicos”, que legitiman de un modo directo o dando un rodeo, el actual estado en que se encuentra la realidad del mundo real, valga la expresión, y que por lo mismo establecen la “legalidad del conocimiento”. La falsedad del marxismo-leninismo es autenticidad (verdad) para otros, para los muertos-de-hambre, para quienes ideología y conocimiento exacto (científico) de la realidad real es una y la misma realidad pensada, que es el marxismo-leninismo, valga la reiteración, porque la ciencia (lo mismo que la ideología), como cualquier cosa que hacemos los seres humanos, es un resultado directo e indirecto de lo que es su ser social-histórico, materialmente determinado (determinismo) por el factor económico, aunque no reducido a una mecánica del fatalismo, de la muerte, de “lo inevitable”, porque entonces no tendría sentido hacer nada (ni lucha democrática, ni revolución, ni ninguna de esas cosas con las que algunos suelen hablar atascándose la boca), sino sólo esperar a ver algún día pasar delante de nosotros el cadáver del capitalismo, del imperialismo (dicho sin grandilocuencia alguna). Esperando que esto suceda “por sí mismo”, desde luego.
Es más, el marxismo-leninismo es lo más alejado a una doctrina o secta, es lo más lejano que hay a un conocimiento osificado, cosificado, positivista, muerto, es, más bien, una herramienta, un método, una concepción (digo, para no decir ciencia, aunque este es el término preciso que corresponde a su significado) de la vida, para la vida, para transformarla, transformándonos al mismo tiempo. El marxismo-leninismo es algo vivo. Por eso cualquiera que lo reivindique (aunque sólo sea en una práctica teórica) siempre recibirá la contra, el rechazo, la repulsa, la descalificación dentro de la sociedad actual, es decir, siempre irá a contra corriente.
Y en medio de todo esto y como el motor que lo mueve todo en la historia (expresado sin aspaviento de grandilocuencia alguna), está la lucha de clases, en la cual nos encontramos inmersos, tomando partido por y en alguno de los bandos, ya sea con conocimiento de causa y efecto (consciencia de lo que estamos haciendo) o de manera no premeditada, no anticipada (prevista), o como quien dice, yendo a lo pendejo nomás como va la borregada. Y aquí sí (en este plano), nos guste o no, cuenta la decisión tomada en los hechos, porque hechos son amores y no buenas intenciones, como dicen bien dicho por ahí.
Discusión 1: La llamada teoría de los factores
El capitalismo que conocemos no es el mismo que conocieron los clásicos del marxismo-leninismo, aunque parezca obvio decirlo. Por eso no puede tomarse “al pie de la letra” lo que ellos dilucidaron, quedándonos sólo en las conclusiones que obtuvieron. El capitalismo no existe puro, como un modo de producción que en sí mismo (sin ningún tipo de mezcla) predomina y domina en el mundo, por lo mismo sus dueños (los capitalistas) no son una clase social que esté inmaculada, exenta de la historia que conocemos, la llamada historia de México, o de cualquier otro lugar del mundo.
Entre el capitalismo en su fase superior (imperialismo) que conoció Lenin y en el que nosotros estamos viviendo media una gran diferencia, no sólo cuantitativa, sino que tiene otras características que deben ser estudiadas. Y es que lo más fácil es tomar tal cual lo que dijo san Lenin, san Engels, san Marx, o cualquier otro icono del santuario, del brete en que han metido al marxismo-leninismo, con eso de que todos los arrepentidos (y aún muchos que no lo son, pero caen en el garlito de la propaganda imperialista) hablan de un “fracaso de la izquierda”, “decadencia del marxismo”, “la mala experiencia del socialismo real”, etc., como si la historia, y la lucha de los muertos-de-hambre, fuera una línea recta y no un proceso hecho por los seres humanos, en donde hay avances y retrocesos, líneas rectas y rodeos, etc.
Por eso, sin lugar a duda, para entender el capitalismo en que “nos toca vivir” debemos recurrir a ese parto constante de lo que hace la humanidad, la historia. Dicho de modo ilustrativo por alguien “con autoridad”:
  • El capitalismo implica competencia. Con el surgimiento de grandes corporaciones y cartels –es decir, con el advenimiento del capitalismo monopolista- esta competencia asumió una nueva dimensión. Se hizo cualitativamente más económico-política y, por tanto, económico-militar. Lo que estaba en juego ya no era el destino de negocios que representaban decenas de miles de libras o cientos de miles de dólares. Ahora lo que estaba comprometido eran los grandes industriales y financieros cuyo capital alcanzaba hasta decenas y cientos de millones. Por consiguiente, los Estados y sus ejércitos se involucraron cada vez más directamente en esa competencia, la cual se convirtió en rivalidad imperialista por egresos destinados a la inversión en nuevos mercados, por acceso a materias primas baratas o raras. El espíritu de destrucción que tenía esta competencia se hizo cada vez más pronunciado en medio de una creciente tendencia hacia la militarización y su reflexión ideológica: la justificación y glorificación de la guerra. Y, por otro lado, el desarrollo de la manufactura, el aumento en la capacidad productiva de las empresas técnicamente más avanzadas, la producción total de las principales potencias industrializadas y especialmente la expansión del capital financiero y el potencial de inversión, cada vez más rebasando las fronteras de los Estados-nación, incluso las más grandes. Esta extensión del capital nacional particular hacia fuera condujo inevitablemente a una precipitada competencia por los recursos, los mercados y el control de las rutas comerciales del exterior, dentro de Europa, pero también –y más espectacularmente- fuera del continente: entre 1876 y 1914 las potencias europeas se las arreglaron para anexarse unos once millones de millas cuadradas de territorio, principalmente en Asia y África.
    Sin embargo la creación de imperios coloniales que siguió a la intromisión del capital internacional, demostró ser sólo una respuesta temporal al problema de la creciente desproporción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la forma política en la cual ese desarrollo había tenido lugar: el Estado-nación. Debido a la pobreza y a las bajas tasas de crecimiento de las colonias, su demanda de artículos manufacturados estaba inherentemente limitada; difícilmente eran un sustituto de los mercados lucrativos establecidos en los mismos países industrializados, cuyo cierre sistemático –debido a las altas tarifas sobre los artículos importados y al capital cada vez más gravado, a fines del siglo XIX– aceleró la tendencia al sometimiento colonial. Al mismo tiempo, el hecho de que el mundo hubiera quedado dividido relativamente más pronto, con particular ventaja para la parte occidental del continente europeo, significaba que las recientes potencias industrializadas (EUA, Alemania, Rusia, Japón) tenían poco espacio para extenderse hacia ultramar. Su prodigioso desarrollo dio como resultado un poderoso desafío a los acuerdos territoriales existentes. Esto afectó al concomitante equilibrio del poder político y económico. El creciente conflicto entre las fuerzas productivas que estaban brotando y las estructuras políticas prevalecientes era cada vez más difícil que quedara contenido en la diplomacia convencional o detenido por escaramuzas militares locales. Las coaliciones de poder que este conflicto provocó tan sólo lo exacerbaron, asegurando que alcanzaría un punto de explosión. El estallido se dio con la Primera Guerra Mundial.
    (El significado de la segunda guerra mundial, Ernest Mandel, Distribuciones Fontamara, México, segunda edición, 2000, pp. 9-10)

A mi modo de ver, no es gratuito expresar (aunque sea de modo mucho muy resumido) que, a lo largo del siglo XX el capitalismo se debatió entre la batalla de las potencias imperialistas y sus dueños: 1) suscitando guerras por el reparto del mundo (las llamadas guerras mundiales), 2) desatando una guerras entre sistemas (capitalismo contra socialismo), en lo que se dio en llamar “el periodo de la guerra fría”, 3) guerreando por mantener el control de colonias y neo-colonias para derrotar las luchas antiimperialistas y de liberación nacional (Asía, África y América Latina), y 4) haciendo la guerra, a través del fascismo, contra los pueblos de Europa para que no tomaran el “mal ejemplo soviético”. Es decir, las potencias imperialistas y sus dueños han guerreado contra quienes son sus enemigos (otras potencias imperialistas, los muertos-de-hambre, etc.), de una u otra manera, en los diferentes momentos, terrenos, circunstancias y formas en que los enfrentaron. Pero ahora parece (apariencia) que ya no tienen contra quien más guerrear, como no sea entre ellos mismos, lo cual tiene implicaciones importantes, a mi modo de ver, porque de algún lugar o por alguna circunstancia debe nacer esa idea del “fracaso” que le asocian al marxismo-leninismo y con todo lo que, “para bien o para mal” ha derivado de su existencia, conlleva de carga ideológica. Y, digo, en apariencia no tienen más enemigo que ellos, porque, según miro, la lucha de los muertos-de-hambre por su emancipación (debido al retroceso que ha tenido, ha tomado rodeos para seguir, lo cual habría que discutir) no es algo que dependa de algunas “luminarias”, sino resultado de lo que los propios muertos-de-hambre decidan hacer o no hacer, pues nadie hará lo que ellos no hagan por y para sí mismos.
El así llamado neoliberalismo (la cuarta guerra mundial, hay quien así le dice) es la administración de la crisis actual. En dicho de otro “con autoridad”, esto quiere decir que en el caso de la crisis de hoy en día

  • Para entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo que se suele definir, hoy día, como “neo-liberal globalizado”. Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial. El sistema capitalista actual es dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de provechos ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por los grupos “financiarizados”. Más aún, estos oligopolios no producen provechos, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.
    Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante de las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De allí la llamada “burbuja financiera” que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras. El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiple. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios financiarizados era –ya lo dije- el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.
    (¿Debacle financiera, crisis sistémica? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias, Samir Amin)

Según lo que entiendo, el fenómeno en sí, la crisis capitalista, estalla, diría Lenin, por el eslabón más débil de la cadena. Habría que discutir (aunque siempre, digo, existe la necesidad de discutir, no importa que sea “sólo con uno mismo” si no hay más, pues de otra manera no se puede avanzar en teoría ni en la práctica), además, por qué es tan frecuente que sólo cuando se trata del capital financiero, se habla de crisis capitalista, mientras que, como repite el texto señalado, cuando se refieren a eso que llaman ahora “la economía real”, se alude a fenómenos que en apariencia se supondría que no son de por sí la crisis capitalista, o sea,


  • Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es una estagnación relativa de la producción y lo que ella va a acarrear: regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.
    (¿Debacle financiera... loc. cit.)

En fin, a según se infiere, dicho sin la grandilocuencia o petulancia que caracteriza a eso que llaman “la intelectualidad”, reitero: hay tanto por discutir, que hay que seguir discutiendo, aunque “sea sólo con uno mismo” si no hay más remedio.

Discusión 2: La teoría de la retaguardia
Entre lo que es cada quien en sí (lo que hace y su concepción) y lo que representa eso que cada quien es en sí en un contexto determinado, media una diferencia, a veces enorme. De por sí no puede ser lo mismo porque se trata de dos planos diferentes de la vida. La coincidencia entre lo que somos y lo que representamos (o podemos representar), según entiendo, tiene un plano que está en nuestras manos (personal, de cada quien) y un plano que está fuera del alcance de nuestras manos, para expresarlo de un modo más bien poco ortodoxo.
Puede decirse, que “el reto” (“la apuesta”, el quid pro quo, el problema central, o como se le quiera llamar) de lo anterior, reside en averiguar hasta qué punto lo que somos y hacemos es algo que sólo está en nuestras manos, y hasta qué punto está fuera del alcance de nuestras manos. Para saber tal cosa no existe manual, regla, bola de cristal, ni mucho menos alguien o álguienes a quienes se pueda acudir y nos diga “si estamos bien” o si de plano regamos el tepache. Aunque no sea algo a elucidar “de golpe y porrazo”, porque la esencia no llega de madrazo (y en “la apuesta” se corre el riesgo de orinar fuera de la cazuela, como luego se dice), tampoco se trata de algo “imposible de conocer”, como no sea esforzarnos por entender “el momento” que nos toca vivir, así como lo que podemos y decidimos hacer en el contexto de ese “el momento”.
Si no entendemos cuál es, como actúa, de qué modo se mueve (organiza) el “actor social e histórico” (los muertos-de-hambre) con el que, se supone, estamos “de su lado”, el llamado “enemigo a vencer” quedará, más aún, menos identificado.

Ser dirigente (dirigir), ser vanguardia o “aspirar” a ser eso, que quién sabe cómo se coma, no se trata de hacer una declaración de dientes para fuera, ni mucho menos tener “el sentimiento de grandeza” como para querernos sentir más o menos importantes que el resto de los mortales. Colocarse (o “pretender” colocarse) “por encima de los demás” para tener la “pose de dirigente” es similar que hacer declaraciones de dientes para afuera: son dos caras de una misma actitud de soberbia (y ya se sabe, según lo que dice el dicho, que ésta es el orgullo de los pendejos), de individualismo, o en el menos peor de los casos de no tener puestos los pies sobre la tierra, de “no ubicarse”.

Las circunstancias sociales e históricas de “el momento” nos pueden “dar la oportunidad”, y llegar a ser tanto o más “dirigente” (protagonista) que lo que hagamos y nuestra concepción no sea “una más del montón”, sino “un referente” en la lucha de los muertos-de-hambre (digo esto, como se puede constatar en los hechos del hombre, como una posibilidad que hay que considerar aunque no nos toque vivirla). Tener la sensibilidad para captar esto no es algo que se aprenda en alguna escuela, como no sea la de ejercitar siempre el análisis de lo que está pasando en “el momento” para tener “la capacidad de captar” la sutileza, las premisas, las condiciones materiales que preceden a este “el momento”. Por esta razón el llamado practicismo o pragmatismo (el hacer talacha sólo “porque algo se tiene qué hacer”) es la madre de todos los oportunismos, porque no se tiene en cuenta en qué circunstancias se hace lo que se está haciendo (una asamblea, una marcha, alguna discusión, un círculo de estudio, etc) y se termina “haciendo trabajo político” sin perspectiva real de llegar a algún lado. Del mismo modo, recorre igual camino el puritanismo o principismo (defender, aplicar y enarbolar a toda costa “y con la vida misma”, los principios, como si las circunstancias materiales no fueran tan cambiantes), porque es una manera cómoda de tranquilizar la conciencia… para que no nos digan chaqueteros, y de esta manera evitar la responsabilidad, el compromiso y el atrevimiento que tiene hacer un “análisis de la coyuntura”, para entender cómo se pueden llevar a la práctica esos principios que decimos defender.
Según entiendo, sólo llevando hasta sus últimas consecuencias la unión indisoluble que debe haber entre eso que es dado en llamar como teoría y lo que es dado llamar de práctica, sólo ejercitándola, poniendo en práctica esa unión indisoluble, es como el “ser dirigente” puede serlo… aunque nos toque estar en “la retarguardia de los grandes acontecimientos”.
Para poner un ejemplo.


Al terminar de leer una de las últimas entrevista al López-Obrador de pipa y pasamontañas (Corte de caja. Entrevista al Subcomandante Marcos. Entrevista de Laura Castellanos, fotografías de Ricardo; edits. Alterno y Bunker; México, 2008), uno se queda, por lo menos, anonadado (como le pasó a la periodista que hace la entrevista), si no indignado (que fue lo que me pasó). Viendo con calma las cosas, se trata de una claridad apabullante de lo que es la acción del sistema en el alma de los muertos-de-hambre. Digo, suponiendo que por la voz de ese López-Obrador hablen los zapatistas, no se puede sino pensar de inmediato si lo que han hecho esa parte de la bola de muertos-de-hambre que pueblan nuestra tierra vale ese “pasar a la posteridad de la historia”, ser retratado posando para ello y decir, sin tapujos, una serie de conclusiones que cualquiera, con dos dedos de frente, se pregunta si está hablando sólo la persona que está detrás del pasamontañas, el jefe militar del EZLN, la voz de los zapatistas, o quién. ¿Todos a la vez? Y no se trata de curiosidad chismolera o algo parecido, sino de que dirigir (“el dirigente”) implica que lo que él haga no tiene el mismo peso (importancia, trascendencia) que lo que haga “el resto del grupo”, porque por algo, se supone, dicho sin sarcasmo, el que dirige sintetiza en su persona (lo que es y lo que representa) el sentir, la concepción, lo que hace una determinada masa, en este caso una parte de los muertos-de-hambre, en circunstancias materiales específicas.

Y es que por esas conclusiones aludidas se percibe, se capta, se trasluce pues, una determinada concepción ideológica de alguien que se metió a la aventura (empresa que presenta riesgos) de hacer una “guerra de liberación” (“hacer la revolución”), como si se tratara de embarcarse en la aventura de piratas de la selva, esperando trascender con ese “gran acontecimiento”, aunque “en eso le vaya la vida”. Sería largo referirse a todas las cosas que hablan en la entrevista, por lo que se trata aquí sólo la parte de interés relacionada de inmediato con lo se está discutiendo.
La entrevista se puede resumir en una idea: la concepción manejada tiene como sustento el aprovechamiento de una necesidad, que, por lo mismo de que no se sabe quién habla o a título de qué, más bien queda claro que sólo se trata de satisfacer un provecho personal. Digo, se puede pensar que éste es legítimo, lo cual no se discute, pero en todo caso no se trata de estar del “lado de los muertos-de-hambre” en la lucha por su emancipación, sino de sólo utilizarlos, “aprovechándose” de sus circunstancias. Es decir, utilizarlos como un medio para satisfacer su objetivo.
Con el levantamiento de los zapatistas en 1994 y la posterior política que tomaron para buscar una vía civil y pacífica por dónde avanzar -como se dice en la entrevista-, se generó una situación de hecho: los indígenas alzados tomaron (recuperaron) fincas, tierras que eran propiedad de los caciques y que, de acuerdo con la historia, les fueron arrebatadas (robadas, despojadas) en su propiedad original de la comunidad. El quedarse ahí, ya que la “guerra de liberación” duró unos cuántos días, mientras “los tiempos políticos” de la vía civil y pacífica les indicaba el rumbo, implicó que hicieran algo con esas tierras. La recuperación fue su propio encierro. Sobre esta base, como dice la entrevista, han hecho varios intentos para continuar, para defenderse, para sobrevivir. Es decir, de haberse levantado en armas por los 11 puntos de su primera declaración de la selva lacandona, hoy buscan cómo no quedar -de nuevo- sumidos en el olvido. Eso es lo que consiguieron con el levantamiento. Quién sabe si sea mucho, o sea poco.
Lo que llama la atención es la aparente confusión entre haberse levantado en armas y hacer una lucha civil y pacífica. Porque el hecho primero los puso por fuera y en contra del sistema. Mientras que el hecho segundo implicaba aceptar las mismas reglas que el sistema y “los actores de su trama histórica” han establecido.
No es el único elemento que puede discutirse en este caso, pero, a mi parecer, es de la mayor trascendencia, porque define con claridad el camino que han seguido tanto el llamado zapatismo como la autollamada “izquierda social, no parlamentaria” que se identifica con sus posiciones.

Puede decirse que el otro López-Obrador, “el legítimo”, siendo un genuino dirigente popular y burgués, está muy lejos de representar “el espíritu revolucionario” de los muertos-de-hambre. Tan sólo por este hecho ya se justificaría que el otro López-Obrador (con pipa y pasamontañas) y el llamado zapatismo, desconfiaran de él, porque no está “abajo y a la izquierda” como ellos. Mientras que a la bola de muertos-de-hambre de los indígenas que se jodan, si para ello sirven a este objetivo de “trascender en la historia” personifica por el pasamontañas, la máscara sobre la que se puede pensar lo que se nos antoje, como si las personas, los que son y sus representaciones, carecieran de contenido ideológico.
Mientras en el contexto actual del país, la apuesta del López-Obrador con pipa y pasamontañas está dirigida a ocupar un mayor terreno político dentro del sistema para desplazar al otro, al “legítimo”, el sistema capitalista y sus dueños siguen, como siempre, manejando las circunstancias a su antojo, pues han aprehendido eso de que divide y vencerás. Mientras el “legítimo” no dice nada para no dividir, el otro, el de la pipa y el pasamontañas, no deja de repetir una y otra vez que él es el bueno y no el otro. ¿Quién divide y quién une?
Lo que queda claro es que mientras los indígenas muertos-de-hambre están limitados, atados a su tierra, el López-Obrador “ilegítimo” ha ido –política e ideológicamente- retrocediendo, haciéndole el caldo gordo a los dueños del sistema, saboteando el “movimiento de izquierda” porque no lo es lo suficiente -según él- o no lo recibe como se merece, como ha pedido infinidad de veces al sistema, que lo usa según le conviene para que sirva de quinta columna.
Dice el mencionado para definir su concepción:


  • -En este escuchar ¿qué sucede con aquéllos que creen en la vía parlamentaria y electoral? ¿tienen espacio o no en La Otra Campaña? [pregunta de la reportera]
    [responde el subcomandante Marcos] -No los encontramos. No encontramos a nadie que creyera en eso en La Otra Campaña. Casi en el arranque de ésta, en los primeros estados llegaba mucha gente con su pedido. Pensaban que era como en el 2001, cuando fuimos al Distrito Federal a hablar con el presidente durante la Marcha del Color de la Tierra, y nos entregaban el legajo de un problema de tierras o de alguien que estaba preso, pero eran los menos y cada vez fueron menos hasta que desaparecieron. Además falta una pregunta que no se ha hecho del otro lado, porque se insiste mucho acerca del distanciamiento del EZLN con la izquierda institucional. Pero nunca hubo intento de la izquierda institucional por acercarse a nosotros. López Obrado nunca intentó tender un puente con nosotros por una cuestión fundamental: no nos necesitaban. Y siguen pensando que no nos necesitan. La Otra se los está devolviendo: no los necesitamos a ellos. Y el EZLN aporta experiencia. Nosotros no estamos hablando de una utopía, de qué pasaría si prescindiéramos de los partidos políticos. Está como prueba lo que se ha conseguido en las comunidades, lo que se ha conseguido sin políticos profesionales.
    (Corte de caja. Entrevista… loc. cit., pp. 81-82)

Es común entre la así llamada “intelectualidad” (y la burguesía, en sentido más amplio) tender a hacer el análisis de los fenómenos de la historia centrándose en las “grandes personalidades”. Si he tomado el ejemplo de los que llamo los López-Obrador (“el legítimo” y “el ilegítimo”), sólo ha sido porque, a mi modo de ver, permiten ejemplificar de modo más claro las ideas discutidas, partiendo del supuesto de que en ellos, en sus personas, se sintetizar circunstancias, rasgos, características de “el momento” que nos está tocando vivir y de los “actores históricos” involucrados en su trama.

El ser dirigente (dirigir) no es un hecho que caiga del cielo, no es algún rasgo que divida a “los chingones de los pendejos”, ni, mucho menos, “el privilegio de unos cuántos”. Aunque algunos así se lo representen (como en el ejemplo aludido), porque llegar a esta conclusión es más fácil ya que existe el caldo de cultivo apropiado en el mismo sistema. Si cada pueblo tiene el gobierno que se merece, si cada pueblo hace su propia historia, como dicen bien estos dichos populares, ¿cada organización o lucha de los muertos-de-hambre tiene los dirigentes que se merece?. Y los que se supone que “estamos del lado” de los muertos-de-hambre enarbolando el marxismo-leninismo, ¿hemos hecho algo o lo suficiente frente a estas realidades?
Supongo: hay que seguir discutiendo estas cosas… “aunque sea con uno mismo”, si no hay de otra.
9 de febrero de 2009
Israel Octavio Caballero de la Rosa